domingo, 2 de agosto de 2020
domingo, 26 de julio de 2020
Todo lo que vive es santo
Somos
luces abismales
Mucho se escribió y dijo sobre
la literatura del yo, la autoficción y el género autobiográfico. La autora de
este conjunto de textos -un todo fluido y homogéneo en el que, como un río,
desembocan todos los relatos- vino a dinamitar estas categorías para construir
una obra en la que, quien escribe de sí concibe la propia escritura como una
dimensión espacial, una suerte de hogar o el lugar adonde llegar. Un tópico que
comparte con el colectivo de escritores latinoamericanos que escriben desde los
países centrales y que ella interroga desde sus cimientos, en una larga
disquisición sobre el legado del español latinoamericano. Frente a la idea de
territorio, más cercana a la de literatura regional que el boom puso en primer plano -junto a su compatriota García Márquez-, prefiere
la inestabilidad de no saber dónde se está y de escribir para descubrirlo.
Y si de escritores
latinoamericanos se trata, comparte con Clarice Lispector la idea de literatura
como un modo de habitar el lenguaje, construyendo una prosa que exhibe, en cada
relato, su modo de acercamiento a la experiencia y que la convierte, como a la
Lispector, en una voz singular.
Sus relatos ponen en escena constelaciones
de temas que se desmarcan del lugar común -la guerra, el problema de la tierra,
la muerte, sin más- y encadenan todo lo que nombran construyendo analogías y juegos
de palabras que convierten su prosa en una suerte de filología en acción, con sinónimos
que no producen el efecto de duplicar los conceptos sino que suman capas de
sentido a una trama que conjuga experiencia, relato y lectura con una profunda
interrogación sobre el ser de las cosas.
El duelo por la muerte de una
joven amiga la llevará a pensar en las marcas del tiempo en el lenguaje y a
encontrar en la conjugación precisa la forma de despedirla. El ritual amoroso
del entierro de una paloma la incitará a intentar volverse cobijo y nido. Frente
a la imagen de un potro perdido llamando a su madre en medio del camino, concluirá,
como una fotógrafa exquisita: “Los animales nos hacemos visibles en el
desamparo”.
Un viaje por la montaña en
busca de sí le revelará la sospecha de que la vida es un camino siempre
insuficiente. Su propio nombre encontrado en el crucigrama de un diario la
llevará a reconstruir la historia de la relación fallida con su abuelo y a
recuperarla en un recorrido por el río que él amó. Una mala película de terror
vista en la TV la llevará a imaginar una historia turbia y maravillosa,
mientras que la doble vida del migrante se verá reflejada en una experiencia de
desdoblamiento producto de un terror nocturno que tendrá momentos de horror
extremo. Y en el
final, la descripción de sus dolencias le hará descubrir la similitud entre los
virus y el dinero, como aquello que produce pero no crea y que, como el
capitalismo, invade y no hospeda.
Exquisitez y delicadeza
rezuman estos textos y de esa manera, las cosas, desde su mirada, se vuelven únicas. Dueña de una
percepción ampliada, hay un cuidado amoroso en el acercamiento a los temas, ya que para esta autora escribir y amar resultan
sinónimos. Y si escribir es encontrar un lugar, amar será el modo de ocupar un
lugar en el corazón
del otro.
Hay mucha reflexión en su
escritura y altas dosis de erudición. El diálogo que entabla con los textos y
autores que fundaron la literatura occidental (la mayoría, traducidos por ella,
hay que decirlo): la Biblia, El Corán, Petrarca, Dante, Las mil y una noches, San Agustín, Whitman, Madame Bovary, el Quijote,
la Odisea o las fábulas medievales serán
el espejo en el que esta autora se mirará para ensamblar definitivamente su
escritura, su tradición, su lengua y su vida. “Pues todo lo que vive es santo”
dijo William Blake y ella cita, ofreciéndonos una muestra de su arte poética: la
vida que merece ser vivida y escrita.
Publicado en diario Perfil, 26/7/2020
domingo, 28 de junio de 2020
Una autobiografía novelada
Resérvame el vals
La historia de la literatura es un campo en constante
transformación. De un tiempo a esta parte, ha comenzado a ponerse en cuestión
el lugar indiscutido de algunos nombres y a dejar asomar otros (en este caso,
otras) que, por motivos que nada tienen que ver con la calidad literaria o la
experimentación en la escritura, habían quedado ocultos. Resérvame el vals,
la única novela publicada por Zelda Sayre Fitzgerald, es una muestra evidente
de ambas cosas, y la ocasión de dejar de ser la musa alocada del gran escritor
para convertirse en autora.
Escrita en 1932 durante su permanencia en el hospital
psiquiátrico de Baltimore por un
diagnóstico de esquizofrenia, esta novela, decididamente autobiográfica, nos
muestra a su protagonista desde su adolescencia en un pueblo de Alabama, de
donde sale eyectada para casarse con una promesa de las artes plásticas rumbo
al “exilio” parisino donde experimentará el vértigo de los agitados años 20 e
intentará ser reconocida como bailarina clásica.
Escrito con una prosa trabajada con arabescos y
descripciones de la naturaleza que recuerdan las imágenes art nouveau de Alfons
Mucha, se revela como una de las mejores novelas sobre el exilio literario
norteamericano, cuando París era literalmente una fiesta, los egos crecían
junto con la fascinación por los dólares venidos del Nuevo Mundo que
alimentaban a la desnutrida Europa y matrimonios como los de Francis Scott y
Zelda inauguraban el modelo de pareja explosiva que dominó la escena artística
a lo largo del siglo.
Con una mirada que, pasada por el lente del feminismo,
reflexiona sobre ese lugar poroso y permeable, tan particular de las mujeres
como sostén del marido e intermediaria de los hijos, recuerda algunos de los
mejores textos de Virginia Woolf sin perder el tono que dominó la literatura
del sur de EE.UU., donde la familia puede ser el polvorín en el que descansan
las tradiciones más arraigadas.
Los años de las vanguardias clásicas fueron aquellos
donde los artistas persiguieron la utopía de fusionar el arte con la vida. Una
década más tarde la política irrumpió violentamente para desarmar cualquier
pretensión innovadora. En medio de este torbellino Zelda vivió, amó, creó y
padeció una dura enfermedad mental, que no le impidió escribir una obra donde
abunda la reflexión sobre el arte, la creación artística y las relaciones
amorosas. Un testimonio muy lúcido sobre la época que le tocó vivir y de la que
fue, sin dudas, protagonista.
Publicado por La Gaceta Literaria, 28/6/2020
domingo, 21 de junio de 2020
Para aprendices de detective en cuarentena
El sabueso de los Baskerville
Quizás por ser el detective más sorprendente de todos los
tiempos o porque sus historias nos ofrecen la posibilidad de creer que todo
tiene una explicación racional, lo cierto es que Sherlock Holmes es adorado por
varias generaciones de lectores desde que apareció por primera vez, en 1887.
Producto de un mundo que todavía no había vivido la pesadilla de la Primera
Guerra Mundial y que gozaba de una confianza plena en la ciencia y la técnica, sus
rigurosos métodos deductivos y sus observaciones al borde del verosímil
conforman lo mejor de la literatura de masas.
Y la editorial unaLuna acaba de publicar una ajustada
adaptación de El sabueso de los
Baskerville (la novela en la que Conan Doyle “resucitó” a su protagonista
después de ocho años de publicada su última aventura) en la colección “Fuera de
serie”, la que reúne textos clásicos adaptados para un público que ya está en
condiciones de largarse a leer buenas novelas.
Ningún escenario más teatral pudo haber elegido el autor
para hacer reaparecer a su héroe que el escenario gótico en el que se produce
la muerte del dueño de la mansión de los Baskerville, rodeada de un pantano en
el que habita la leyenda de un gigantesco y diabólico mastín que aterroriza a
los poquísimos vecinos del lugar. El otro elemento que suma teatralidad al
relato es la aparición de Holmes al comienzo para dejarle el protagonismo de la
investigación a Watson y su reaparición sorpresiva, hacia el final,
deslumbrando con su inteligencia un tanto monstruosa, para resolver el misterio
y demostrar, una vez más, el predominio de la razón por sobre el pensamiento
mágico. (Un dato curioso de su biografía nos informa que Conan Doyle se había
casado con una médium y que formó parte, como tantos escritores de su época, de
sociedades dedicadas a la comunicación con el más allá).
Esta edición, pensada para un público infantil y con un
claro criterio pedagógico y de estímulo a la lectura en sentido amplio, incluye
una introducción con datos sobre el origen de esta novela, un apartado
biográfico del autor donde describe al médico y profesor en el que se inspiró
para la elaboración de su famoso personaje y una descripción del “método
holmesiano” para estimular a los pequeños lectores en el arte del
desciframiento de misterios. Las ilustraciones de Rodrigo Folgueira recuperan
la atmósfera decimonónica y conservan el formato folletinesco de un texto que
se convirtió en una de las novelas policiales más leídas y reversionadas de
todos los tiempos.
Publicado en La gaceta literaria, 21/6/2020
viernes, 19 de junio de 2020
De paseo por la historia
Historia
portátil del mundo
El autor de este de este libro de historia es un
periodista de oficio y además es un noble (heredero de la casa
Schönburg-Glauchau) pero por sobre todas las cosas, es de origen alemán. El
resultado de este combo es un libro con pretensiones de enciclopedia y espíritu
de divulgación, que conoce muy bien las herramientas de la comunicación y que
destila una profunda fe en el progreso de la humanidad entendida como europea,
blanca y burguesa.
Según explica en el prólogo, fue pensado como un
modo de “contemplar la historia de la humanidad” desde el momento en que la
revolución agrícola, hace doce mil años, hizo sedentarios a los sapiens sapiens y dio paso a la
civilización, hasta los desarrollos de la inteligencia artificial. Advierte que
el único modo de escribir un libro así es a fuerza de grandes simplificaciones
y recorre la historia universal haciendo foco en los acontecimientos, las
ideas, las obras de arte y los personajes históricos que considera más
importantes, siempre “mirados desde la atalaya europea”.
Didáctico
y entretenido, regala a sus apurados lectores un resumen con el “top ten” de
los temas que trata en cada capítulo: los momentos “big bang” de la historia;
las ciudades más importantes en cada período; los personajes más destacados;
las ideas que formatearon nuestra concepción del mundo (entre las cuales la de
progreso y libertad lideran el ranking); las obras de arte que considera más representativas
del pensamiento occidental; los inventos que cambiaron lo que entendemos por
humanidad; los discursos que impactaron en las masas y hasta las fake news más creídas de la historia.
Y si entiende
acertadamente que la historia occidental -tanto cuando sostenía los valores de
la Ilustración como los del comunismo- se construyó a partir de la teleología
judeo-cristiana, concluye que no es otra cosa que “una europeización de todos
los rincones de la tierra, un gigantesco proceso global civilizatorio”,
llamando “civilización europea” a lo que debería llamarse “capital”.
Publicado en diario Perfil, 7/6/2020
miércoles, 27 de mayo de 2020
Digna de su textura
Anagramas
Célebre entre sus lectores argentinos,
quienes comparten su nombre como una contraseña, llega a nuestro país la
primera novela de Lorrie Moore. A medio camino entre sus cuentos (con comienzos
in media res y finales que se
desvanecen en una aparente trivialidad) y sus textos posteriores, esta novela
se desentiende de la idea de estructura perfecta para nombrar, como le gusta
decir a su autora, aquellos hechos de la vida que nunca cierran, sino que
llegan y pasan, dándonos, apenas, un respiro.
Hay una mujer, Benna, un
hombre, Gerard, una amiga, Eleanor, una hija, Georgianne, un alumno devenido
amante, Darrel, y algunos pocos personajes secundarios más. Y el hilo que los
une, delgado y firme a la vez, será el que recorre cada una de las formas que
asume el amor -erótico, filial, fraternal- para marcar los bordes de una
subjetividad femenina.
Benna, una mujer que “luego de
pasar cuatro minutos en cualquier conversación siempre lograba decir la palabra
pene” es, en el primer relato, una cantante de clubes nocturnos cuyo vecino
Gerard la ama sin remedio. Sus departamentos, como siameses, unidos por una
pared del baño, devienen el territorio de la exclusión amorosa.
En el segundo relato, Benna será
una profesora de aerobics para “adultos mayores”, ama a Gerard, un músico más
interesado en tocar su piano que a ella y que, como espejo invertido del relato
anterior, “vive del otro lado del pasillo de su corazón.” Un nódulo en el pecho
que se transforma en un embarazo fallido será la cifra de una travesía por el
cuerpo femenino que se convierte, en el relato siguiente, en una hija
imaginaria.
Como en un juego de espejos Benna
será, en el texto más extenso, una profesora universitaria cuyas clases de “lectura
y escritura de poesía” son el espacio donde desgranar su arte poética. Y aunque
piensa que enseñar es “como San Francisco predicándole a los pájaros”, instiga
a sus alumnos a hacerse preguntas, los conmina a “ir de safari, salir y mirar, cazar
y traer a la jaula de la página la cosa viva más maravillosa del mundo” y les recuerda
que el poema es un salvavidas en el que hay que elegir qué palabras van a
sobrevivir, mientras les recita el más sublime poema de amor desesperado que es
el Cantar de los Cantares.
Con un humor filoso y
autoirónico dirigido al colectivo de las mujeres, pasa de la primera persona a
la segunda, otro de los modos de involucrar a sus lectores. Conocedora del
poder de las palabras (y de la palabra poética en especial), busca en el
diccionario nuevos sentidos que, por contigüidad, surgen de ellas, así como los
equívocos y malentendidos le proveen pistas para llegar al hueso de sus
personajes. Y con una prosa que hace de la metáfora el procedimiento con el que
“salir de safari” logra incorporarlas estructuralmente al texto (“No, digo, con
la duda en mis labios como frente a un desayuno viejo”) y construye personajes
que, a falta de una definición mejor, llamaremos reales.
Y si piensa su escritura como
una mezcla de Virginia Woolf “donde toda la vida humana es suspendida de
repente y se desvanece” pero rematada con un chiste, los materiales con los que
la construye -escenas de la vida plebeya norteamericana, citas conocidas de
Shakespeare, algún verso escondido de Bob Dylan y frases de El mago de Oz- la convierten en una
suerte de Manuel Puig de la academia norteamericana.
Pocas autoras tienen una
conciencia tan clara de lo que mal se llamó “escritura femenina”. La hija que
Benna imagina para su solitaria vida, “una de las pocas formas decentes de
traer alguien al mundo”, habla de lo que planteaban las pioneras del feminismo
acerca de la obra, para una artista mujer, como sustituto de los hijos.
Work in progress o anagrama de un
relato posible, esta primera novela de Lorrie Moore la muestra, sin dudas, en su
mejor versión.Publicado en diario Perfil, 24/5/2020
domingo, 5 de abril de 2020
Pequeños monstruos
¡Ya vienen!

La vuelta al colegio (y el regreso del Plan Nacional de Lectura, con la importante
cantidad de ventas aseguradas que a algunas editoriales, las salva verdaderamente del
naufragio) trajo todo tipo de libros ad hoc: reediciones de títulos probados entre las
instituciones pedagógicas y algunas novedades publicadas al calor de las nuevas
tendencias sociales como la educación sexual integral, el feminismo, las familias
homoparentales o los relatos de antihéroes y antiprincesas.
Por fortuna, algunas editoriales independientes (y en este caso, el concepto
adquiere un sentido profundo) van por un camino que no es el de las demandas
institucionales y, como en este caso, le ofrecen a sus pequeños lectores la posibilidad de
abordar la vuelta a la escuela desde un lugar muy diferente: el punto de vista de sus
aterrados maestros.
Escrito con una prosa poética que, junto a las ilustraciones estilizadas de Albertine
-una autora cuyos textos silentes son de una sensibilidad notable- y un muy buen trabajo
de traducción subrayan el sentido misterioso de una historia que juega con la tradición de
los relatos de terror infantiles para sorprender a los pequeños destinatarios y mostrarles
que los adultos (y hasta la misma maestra!) comparten con ellos los mismos miedos
ancestrales y que los ogros, las brujas y los fantasmas siguen escondidos en el imaginario
de la humanidad y aparecen en los momentos menos oportunos.
Si hay algo que los atribulados progenitores piensan, cada comienzo de año, es
cómo se las arreglarán los docentes para lidiar con treinta pequeños monstruos si en su
propia casa y con solo dos ya es casi imposible. Pues parece que ellos se preguntan lo
mismo.
Publicado en diario Perfil, 5/4/2020
La vuelta al colegio (y el regreso del Plan Nacional de Lectura, con la importante
cantidad de ventas aseguradas que a algunas editoriales, las salva verdaderamente del
naufragio) trajo todo tipo de libros ad hoc: reediciones de títulos probados entre las
instituciones pedagógicas y algunas novedades publicadas al calor de las nuevas
tendencias sociales como la educación sexual integral, el feminismo, las familias
homoparentales o los relatos de antihéroes y antiprincesas.
Por fortuna, algunas editoriales independientes (y en este caso, el concepto
adquiere un sentido profundo) van por un camino que no es el de las demandas
institucionales y, como en este caso, le ofrecen a sus pequeños lectores la posibilidad de
abordar la vuelta a la escuela desde un lugar muy diferente: el punto de vista de sus
aterrados maestros.
Escrito con una prosa poética que, junto a las ilustraciones estilizadas de Albertine
-una autora cuyos textos silentes son de una sensibilidad notable- y un muy buen trabajo
de traducción subrayan el sentido misterioso de una historia que juega con la tradición de
los relatos de terror infantiles para sorprender a los pequeños destinatarios y mostrarles
que los adultos (y hasta la misma maestra!) comparten con ellos los mismos miedos
ancestrales y que los ogros, las brujas y los fantasmas siguen escondidos en el imaginario
de la humanidad y aparecen en los momentos menos oportunos.
Si hay algo que los atribulados progenitores piensan, cada comienzo de año, es
cómo se las arreglarán los docentes para lidiar con treinta pequeños monstruos si en su
propia casa y con solo dos ya es casi imposible. Pues parece que ellos se preguntan lo
mismo.
Publicado en diario Perfil, 5/4/2020
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