sábado, 25 de abril de 2026

Entrevista a Ezequiel Martínez

 “Memoria y futuro” es el lema de esta nueva edición de la Feria del Libro de Buenos Aires en la que coinciden varias efemérides: 50 años del golpe de estado, 50 años del nacimiento de la feria y 40 años de la muerte de Borges. Una oportunidad inmejorable según Ezequiel Martínez, su director, para homenajear a la gran cantidad de autores y textos prohibidos que no pudieron estar presentes durante los años de la dictadura y acercarlos a las nuevas generaciones.

 

- Viendo en retrospectiva este medio siglo de vida, ¿qué dice de nosotros como sociedad la Feria del Libro?

La Feria nació en 1975, casi en paralelo con la dictadura militar y sobrevivió en un país atravesado por un golpe de estado sangriento, crisis económicas, inestabilidad política, lo que de alguna manera demuestra que, para los argentinos, la cultura siempre fue un refugio, un lugar de resistencia.

Y como durante los años de dictadura muchos autores no pudieron ser convocados por estar prohibidos, exiliados o, en muchos casos, desaparecidos, quisimos reivindicarlos y por eso va a haber una exposición sobre los libros prohibidos y los autores censurados, en el pabellón central y una maratón de lectura de sus textos. También un ciclo sobre cómo leíamos los libros que no se podían leer y de qué manera algunos autores, como María Elena Walsh, que estaba en las listas negras, eran convocados, porque no había manera de evitarlo.

- Por aquellos años, algunas editoriales como el Centro Editor sufrieron la quema de libros, la destrucción de colecciones enteras, mucha gente quemó o enterró sus libros. Pero al mismo tiempo, hubo un movimiento de resistencia cultural, clandestino, muy potente. ¿A qué se debe esto, somos una sociedad culturalmente muy activa?

Mirá, nosotros hicimos el año pasado, por primera vez, una encuesta de público y uno de los datos que arrojó es que el 80% de la gente que viene a la feria es gente que viene todos los años, o sea, es un público recurrente. De hecho, después del parate por la pandemia, cuando volvió la feria, en el 2022, hubo un récord absoluto de concurrencia de público y de ventas. Yo decía que lo que había era un síndrome de abstinencia. Y creo que eso habla de que hay un público lector muy fervoroso.

- Tuvimos una edad de oro de la edición, en los años 40, un boom del libro argentino en los 60 y hasta los años 90, un circuito muy poderoso de librerías. Hoy, que estamos cada vez más dispersos y desconcentrados, ¿seguimos siendo un pueblo lector?

Sí, seguimos siéndolo, afortunadamente. Por supuesto, las tiradas son menores. Y aunque hay muchas editoriales independientes y cada vez más traducciones hechas acá, esas tiradas pequeñas no permiten que los libros lleguen a las librerías de todo el país. Y ahí juegan un rol muy importante las bibliotecas populares, que por suerte es algo que se sostiene. Es un gran espectáculo ver cuando vienen los bibliotecarios de todos los rincones del país a comprar lo que ellos quieren, lo que su comunidad les pide, les dan el dinero, el pasaje, el hospedaje para que estén esos tres días. Y es maravilloso.

- ¿Los planes de incentivo a la lectura son eficaces?

Cualquier plan, ya sea que se traduzca en dinero o en acciones que fomenten la lectura, es bienvenido. Ahora que se cumplen 40 años de la muerte de Borges, va a haber una sala inmersiva con un gran laberinto, donde los chicos puedan salir a través de claves que Borges da. La idea es que de una manera lúdica se acerquen a Borges, que no sea una cosa sacralizada.

- Hoy tenemos problemas serios en la cadena del libro, los precios finales son muy caros. ¿Con qué nos vamos a encontrar en cuanto a ventas, cuando se cierre la feria?

De la cadena del libro, la librería es la más castigada, años tras año, desde ese gran escenario que es la inauguración de la Feria del Libro, se hace el reclamo por el IVA. Pero el público lector está. El 2025 repuntó y esperamos que el 2026, dentro del contexto complicado del país, sea bueno. Nosotros estamos haciendo todos los esfuerzos posibles, desde el valor de la entrada que es muy económico y que además sirve para pagar parte de un libro, hasta los “chequelibros”, por 12 mil pesos, que una vez terminada la Feria pueden canjear en librerías de cualquier parte del país. También este año estamos entregándoselos a los colegios que visiten la Feria, para que cada chico pueda elegir el libro que se quiera comprar.

- ¿Cuál es el futuro de la lectura?

Es cierto que las nuevas tecnologías le quitaron tiempo a la lectura, pero sigue siendo una ceremonia muy íntima, muy privada. Y eso creo que no va a cambiar. Ya sea que uno lea en un dispositivo o en el celular o esté utilizando el audiolibro.

A mí me gusta mucho ver a esos chicos en las redes, los tiktokers, youtubers, instagramers, fascinados contando el libro que están leyendo, recomendándolo. O los clubes de lectura, que durante la pandemia explotaron y afortunadamente, se multiplicaron. Volvemos a la pregunta de si somos un país lector, yo creo que sí. Y es fantástico.

Publicado en La gaceta literaria, 19/4/2026

miércoles, 1 de abril de 2026

Pan de ángeles

            Con una “joroba rebelde” tan monstruosa como imprescindible. Así se reconocía la autora de estas extraordinarias memorias escritas bajo el signo de los poetas que la formaron. Y el impacto estético que le produjeron las fotos de sus compañeros de ruta (Robert Mapplethorpe, Annie Leibovitz), como la primera vez que vio un cuadro de Picasso o escuchó a Bob Dylan, le abrieron las puertas a esta joven recién llegada a Nueva York a fines de los 60 con el propósito de convertirse en artista, a su deseo de conocer, crear, escribir, experimentar.

            Nacida en la posguerra, en una familia de inmigrantes pobres, criada al calor de los cuentos de hadas irlandeses y con una imaginación nutrida por los libros que su madre le compraba, esta pequeña Jo March rápidamente comprendió que su destino era dejar una huella en el arte de su época. Y el fin de la Guerra de Vietnam y la ciudad de Nueva York fueron el escenario de la poderosa contracultura de la que Patti Smith fue una protagonista indiscutida, cuando se propuso fundir poesía y rock, una mezcla explosiva que comenzó con su debut musical, Horses, y que la llevó a ser reconocida mundialmente.

            Las hermosas fotos que ilustran el libro, algunas de su propia autoría, dan cuenta de una vida intensa en la que el amor incondicional por quien fue su marido y por sus amigos artistas (la mayoría, muertos muy jóvenes a causa del Sida y las drogas) que deja como legado al mundo que la vio crecer y al que nos espera en un futuro poshumano que ella vislumbra como pocos. 

Publicado en El Dipló, abril 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

La mano del pintor

Este libro es el producto de un encuentro fortuito: el de un cuadro hecho por Cándido López del médico que le amputó la mano, Teodosio Luque, con la artista plástica María Luque, su tataranieta. Un encuentro entre dos paletas, dos “manos de pintor”, dos estéticas, que su autora ya había ensayado en Noticias de pintores, su personal lectura sobre la historia del arte. Y una vez más, la novela gráfica fue el formato perfecto que le sirvió para contar la experiencia de este pintor, fotógrafo y soldado durante Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, en un cruce de tiempo y espacio, donde el propio Cándido vuelve de la muerte para pedirle que termine los bocetos de la guerra que le quedaron sin pintar, en un “mano a mano”, donde ambos artistas intercambiarán experiencias sobre el oficio.

            Pero también es una búsqueda de su lugar en la trama familiar y en la historia del arte argentino. Criada al calor de los relatos familiares sobre el tatarabuelo que participó en esa guerra siendo estudiante de medicina, la intensa investigación sobre la vida de Cándido López la llevó a explorar su forma de ver y representar el mundo que le tocó vivir, entender cuál era su búsqueda, cuál, su imaginario, mientras reproducía, en cada una de las viñetas, su propia mirada sobre la obra de este pintor y sobre la guerra más sanguinaria del siglo XIX.

            Así, los verdes intensos de los cuadros apaisados de “el manco de Curupaytí”, (¡pintados con la mano izquierda!), como las escenas panorámicas de guerra representadas en todos sus detalles y desde el punto de vista de los soldados (la verdadera “carne de cañón”), son plasmadas por esta autora, cuyos personajes sin perspectiva, sus colores brillantes y su estética naif revelan muchos de los puntos en común que tiene con su modelo, cuyos cuadros nos hacen recordar aquellos escenarios de los juegos infantiles con miles de soldaditos desplegados.

            Y esta segunda edición, publicada diez años más tarde, nos encuentra, una vez más, sumergidos en un escenario bélico de proporciones mundiales, un contexto que impacta en la lectura de esta obra antibelicista sobre la obra de un “historiador con pinceles” que retrató el sufrimiento de los que ponen el cuerpo en guerras que deciden otros, pero que también habla de la capacidad de resiliencia, de la amistad y de la importancia de dejar un testimonio que honre la memoria histórica y al arte argentino.

Publicado por La gaceta literaria, 22/3/2026

jueves, 12 de marzo de 2026

Querer es perder

 

           Con un título tan sugestivo como lírico, esta narradora y poeta jujeña acaba de publicar un excelente conjunto de cuentos en los que el realismo de sus atmósferas provincianas se enturbia hasta metamorfosearse y pasar al otro lado de la realidad.

             Como el relato de un pescador que descubre, en la rutina semanal de una cosecha gris y anodina, la aparición de un pez dorado que, como el mito que enloqueciera a los conquistadores, lo arrebata. O el de la empleada de un club de barrio, hija de un futbolista fracasado, a la que el brillo que irradia la blonda cabellera de la esposa del Diez la deslumbra hasta perderse en ella.

            El amor por el hijo recién nacido, de todo menos natural y sencillo, pone a una pareja frente a la experiencia de lo inexplicable, como la de la aparición de los hijos, esa “gente rara que encontrás por ahí”. Y es en esa distancia, como una perimetral, donde se pone en juego todo lo que no sabemos sobre el amor, cuando una anciana jubilada descubre el don de leer los pensamientos de cualquiera que esté a menos de dos metros de ella. O como la que une y tensa, en un equilibrio inestable, a una familia ensamblada alrededor de un secreto y de la cruda certeza de que “una madre no está obligada a querer”.

            Muchas mujeres pueblan estos cuentos, soñadoras de una vida más plena y glamorosa, pequeñas madame Bovary detrás de su propio “dorado”: un collar, un peinado o un cartel con su nombre que brillará iluminando el gris de una vida igual a cualquier otra.

Publicada en La gaceta de Tucumán, 8/1/26

domingo, 1 de marzo de 2026

La voz del buey

             La autora de este trabajo que forma parte de la exquisita colección de la editorial Ampersand, en la que escritores y críticos relatan su experiencia lectora con la que construyen, como en este caso, una teoría posible de la lectura, es especialista en literatura española medieval, poeta y narradora, lo que se refleja en la profusa bibliografía consultada.

            La cultura árabe, el latín vernáculo del que deriva nuestro idioma, la Biblia, el Corán, Alfonso X, la cuentística medieval, la tradición oral y los clásicos universales (entre los cuales, Borges tiene un lugar destacado) son el territorio fértil de un trabajo erudito, didáctico y sobre todo, poético, donde las propias reflexiones sobre la lectura adquieren un espesor notable.

Siguiendo el hilo de las primeras lecturas silentes que tanto sorprendieron a san Agustín, encuentra en el acto de leer una voz inhumana, producida por la mirada que recorre el texto, y lo define, místicamente, como un “camino hacia el silencio.”

Describe cómo, durante la Baja Edad Media, la voz de las mujeres entró en la literatura, cuando las lenguas romances, transmitidas por madres y nodrizas, reemplazaron en la escritura al latín, dando comienzo al amor cortés. Cómo, en la famosa escena del Quijote de los molinos de viento se cifra la naturaleza metafórica de la lectura, en la que el caballero es “molido” a palos por el molino al que toma por un gigante, como los mismos granos de trigo. Es que la lectura, como la metáfora, nos dice, nos lleva de un lugar a otro (metaphorai, en griego actual, es el transporte de pasajeros). Y es capaz de reescribir un libro del siglo XVII y con sus mismas letras, hacerlo distinto, como planteó Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote”, donde ficcionaliza el acto de leer.

Para ella, un libro abierto podrá ser un campo roturado y sus renglones, surcos, cuando la filología le recuerda que el mismo verbo legere, significa tanto leer como recolectar. Descubre en la frente -el lugar donde ubicamos al pensamiento y la imaginación- la misma forma rectangular que la de un libro abierto y en la oración gramatical, un camino de lectura y purificación que comparte con la oración religiosa.

Y si leer y soñar, nos dice, están, como la relación amorosa, indisolublemente unidos a la posición yacente, se requiere de un autor y un lector dispuestos a dejar entrar al otro, a entenderse. Pero leer también es estar ocioso, por fuera de la productividad. Quizás éste sea el último reducto de libertad que nos quede.

Publicado en La gaceta de Tucumán, 1/3/2026

domingo, 22 de febrero de 2026

La edición de libros y el rol del Estado en Hispanoamérica

 

           El autor de este trabajo, un especialista en la historia del libro y la edición, en esta oportunidad investigó sobre aquellas editoriales que, creadas en la “época de oro” de la edición hispanoamericana, con la llegada de intelectuales españoles exiliados durante la Guerra Civil, fueron sostenidas por el Estado. Para eso, toma seis casos emblemáticos: el Fondo de Cultura Económica, la Biblioteca Artigas, Eudeba, Monte Ávila, Editora Quimantú y la Biblioteca Ayacucho.

Surgidas en contextos políticos de grandes cambios como la Revolución Mexicana, el ascenso de Allende en Chile, el boom del petróleo en Venezuela o la caída de Perón en Argentina, tuvieron el propósito claro de dotar a estos cambios de sostén ideológico y cultural. La necesidad de actualizar la bibliografía universitaria que no existía en español, en el caso del Fondo de Cultura; el interés por reformular el canon nacional uruguayo, para la Biblioteca Artigas; la conformación de un mercado interno del libro de la mano del crecimiento de la clase media para Eudeba; la perspectiva americanista para la Biblioteca Ayacucho y Monte Ávila; la política educativa de alcance masivo encarada por el gobierno socialista de Chile, en el caso de Quimantú, fueron los principales motivos de su creación.

Fueron proyectos autónomos pero no autárquicos, por lo que, la llamativa independencia de criterio a la hora de armar los catálogos, muchas veces chocó con las presiones políticas o los cambios abruptos tan habituales en nuestros países.

Muchas fueron las causas del desarrollo de esta figura del “Estado editor”. Además de surgir en condiciones especiales difíciles de repetir, hubo una generación de editores latinoamericanos como Arnaldo Orfila Reynal, Ángel Rama, Boris Spivacow, Emir Rodríguez Monegal o Juan Pivel Devoto, todos, grandes intelectuales, con una fuerte personalidad, que tenían un proyecto definido y mucha experticia, al punto que, cuando fueron despedidos o renunciaron, fundaron otros sellos. Tal el caso de Orfila Reynal con Siglo XXI y Spivacow con el Centro Editor de América Latina. En el caso de Ángel Rama, su muerte prematura puso en evidencia el vacío que se produjo en la Biblioteca Ayacucho, la que había dirigido hasta ese momento.

En el final, el autor se pregunta por el rol del Estado como editor en la actualidad y sostiene que, más que publicar libros, debería generar políticas de incentivo a la lectura, crear lectores. Una pregunta que adquiere relevancia a la luz del dominio de los algoritmos.

Publicado en La Gaceta Literaria, 22/2/26

domingo, 8 de febrero de 2026

Pan de ángeles



            La autora de estas memorias quizás sea una de las últimas artistas renacentistas, aquellas y aquellos para quienes no existían límites entre las artes y el conocimiento. Hija de la posguerra y del “baby boom”, cuando el mundo resurgía de sus cenizas y todo estaba por hacerse, desde pequeña tuvo muy claro su deseo de experimentar, conocer, pensar, escribir, crear, mientras leía como una poseída a Lewis Carroll, Baudelaire, William Blake, Rimbaud o la Biblia, los nombres que le abrieron las puertas a su propia percepción poética del mundo que le tocó vivir.

Dueña de un impulso que la habitó desde siempre y que ella define como su “joroba rebelde”, “tan repulsiva como necesaria”, abandonó la casa paterna, luego de dar en adopción un bebé no deseado, rumbo a Nueva York, con el propósito claro de convertirse en artista. Su encuentro con Robert Mapplethorpe, al que homenajeó en Éramos unos niños, fue el big bang de un movimiento contracultural surgido al calor de la Guerra de Vietnam que tuvo al Hotel Chelsea y al bar CBGB como epicentros, donde veremos aparecer nombres como los de William Burroughs, Allen Ginsberg, Sam Shepard (su pareja por esos años y quien la impulsó a animarse a los escenarios) o su admirado Bob Dylan. Un movimiento que se propuso fundir poesía y rock, del que ella fue su madrina indiscutida.

Su primer disco, Horses, un debut tan explosivo como la corriente de libertad juvenil que expresa, le valió un lugar en la cultura norteamericana, junto con el rock and roll, el jazz, el expresionismo abstracto y los beatniks, la gran contribución de EE.UU. a la cultura occidental, y con el que comenzó las giras, en una de las cuales conoció al amor de su vida, el músico Fred Sonic Smith, con el que se casó y tuvo dos hijos.

Escrito con una prosa deslumbrante, bajo la tutela de los poetas que la formaron, e ilustrado con bellísimas fotos (algunas de las cuales le pertenecen), resulta el legado perfecto de una artista que sobrevivió a muchos de su generación, diezmada por las drogas y el Sida. Un legado dedicado a su generación, la que creció en las calles, se curó con remedios caseros, se educó en el temor a Dios, leyó a los clásicos y fue libre hasta lo impensado, y para el mundo del futuro, donde la naturaleza será reemplazada por un holograma y la libertad será una palabra desconocida, de parte de una creadora que vivió el arte y el amor a sus prójimos como lo único valioso y digno de resguardar.

Publicado en La gaceta literaria, 25/1/26