Es la reciente ganadora del Premio
Nacional de Literatura de Chile, vive en Argentina desde hace varios años y
tiene una larga trayectoria dentro de la ficción y la crónica, de las que logra
desdibujar sus límites, gracias a su afilado sentido de la observación y una
curiosidad desbordante por el mundo que habita para, a partir del mínimo
detalle, desenredar el hilo de una historia.
Viajera infatigable, en Poste
restante, hizo de la literatura de viajes la excusa para indagar sobre ese
rompecabezas que es la identidad, cuando descubre en una feria de antigüedades
un álbum de fotos familiares con el nombre “Rimski” y esa pequeña diferencia en el
apellido le abre las puertas al deseo de sortear esa “pregunta por el olvido”
que es la historia familiar de sus ancestros migrantes, haciendo el viaje
inverso al que emprendieron los suyos.
En Tel Aviv, capta, a través de las puertas entreabiertas de los
negocios, la tradición libresca de la religión judía. Descubre, en los
migrantes pobres que se instalan alrededor de las terminales de trenes y buses,
que “aunque no van a ninguna parte, el límite es el lugar posible.” En la
ciudad donde se quemó a la última bruja, en Polonia, la frustración y el
alcoholismo de su gente sojuzgada por todos, y en Ulanov, el pueblo de Ucrania
que “ya no es posible” donde nació su abuelo paterno y donde lo imagina
comiendo y viendo lo mismo que ella.
Otro viaje, esta vez a la frontera
con Nicaragua, en los años más duros de la revolución sandinista, es el fondo
con el que dialoga El futuro es un lugar extraño, el viaje que una ex
militante de izquierda emprende a su pasado, recuperado en el relato de un ex
preso político con el que militó contra la dictadura de Pinochet. Mientras
descubre las dificultades para insertarse en el nuevo orden neoliberal y las
miserias de aquellos que lo lograron, se pregunta por la subjetividad de
ese “sujeto popular”, por el sentido del dolor sufrido por los militantes y sus
familias, a la luz de este nuevo “sujeto a crédito” que reclama orden y
seguridad.
Otras son las preguntas que se abren en Clara y confusa,
su última novela, ganadora del premio Herralde, en la que, una historia de amor
entre un plomero y una artista plástica pone en escena las mismas tensiones que
se plantean entre el autor y obra, entendida como producción, como trabajo
artesanal o laboratorio de ideas y materiales, siempre en transformación, y propone
un arte que, como un artefacto nuevo no tenga interlocutores y se pregunta por
la relación de este objeto nuevo con el sistema de exhibición, de difusión, con
la comodidad de la tradición y la herencia literaria.
Entrevista
- Antes que nada, ¡felicitaciones!
¿Qué significó para vos este premio?
Bueno, este premio es
importante porque, primero, es quedar en la tradición, en la historia de la
literatura chilena. Pero
lo más interesante que me parece es que, a lo largo de la historia chilena, este
premio se le daba a literaturas más centrales. Y por este motivo quedaron un
montón de escritores y escritoras afuera como Lemebel, como Bolaño, como Juan
Emar, como Enrique Lihn. Y entonces fue para mí un orgullo que en Chile se
estén premiando escrituras más experimentales, que tengan otro tipo de
búsquedas, además que eso se abra de aquí para adelante.
- Haciendo un repaso por tu
obra, pensaba que en El futuro es un lugar extraño, entre otras cosas,
hacías una crítica a las políticas de la memoria. Desde tu historia militante,
¿pensás que habría posibilidad de recuperar estas experiencias para enfrentar
el avance de la ultraderecha en América Latina hoy?
Yo creo que claramente el modelo que impulsó la
izquierda a partir de la Revolución Rusa no funcionó. Uno defendió a la URSS, a
Cuba, a Nicaragua, y vimos que no eran lugares paradisíacos, ¿no? Yo creo que la izquierda
partía de lo ideal y una de las cosas buenas que nos ha enseñado el devenir del
mundo es que no hay que partir de lo ideal, sino de la experiencia de lo
posible. Por otro lado, creo que estamos viviendo una crisis tremenda de la
democracia representativa. En el fondo, estamos llegando a un punto en que hay
que atreverse a repensar todo, la justicia, la educación y sobre todo la
representación política, porque la sociedad está completamente desconectada de
los políticos, que en vez de hacerle caso al marketing, tienen que empezar a
conversar con la gente que está pensando esos temas. Pero, tampoco los políticos actuales
tienen una capacidad intelectual que uno diga, wow. Y por otra parte, la
pandemia, que cambió muchísimo la correlación de fuerzas, o sea, nunca hubo
como hoy estos millonarios modelados a semejanza de los malos de la historieta.
Que si no fuera tan trágico, sería cómico. A mí me llamó la atención lo de
Epstein, fíjate, no solamente por los bordes tremendos hacia las mujeres, sino
que también sentí que por primera vez los ricos ya no tenían límites.
- Después de años de viajes a
zonas de conflicto como la frontera de Nicaragua, Israel o Medio Oriente, te
estableciste en un pueblito de la provincia de Buenos Aires. ¿Esto es el reposo del
guerrero?
Yo siempre quise tener un
lugar un poco más tranquilo. Ahora, el otro día pensaba que en mi pueblo se dan
todas las batallas universales. En ese sentido, lo de Chejov, pinta tu aldea y
tendrá el mundo. Entonces
creo que es un lugar donde yo puedo mirar ahí, lo puedo caracterizar, puedo
observar los gestos, los detalles, y trabajar a partir de ciertos nudos de
conflicto, como la tensión entre dos personas que tienen distinto poder y
trasladarlo a una cosa más universal. Por ejemplo, la novela en la que estoy
trabajando ocurre en un restaurante de campo, imagínate, y estoy trabajando
sobre los discursos de odio.
- No necesitas viajar. ¿Y qué
tipo de literatura te imaginás en este nuevo espacio?
Y bueno, un poco lo que
empecé a desarrollar en Yomurí, con más fuerza en Clara y confusa,
y que estoy continuando ahora, que es una ficción más documental. Lo que pasa
es que, a diferencia de Ramal o Poste restante, no pongo los
andamios ahora. O
sea, no se nota lo documental. Pero soy una persona que estoy todo el tiempo
muy abierta a lo que ocurre. Por lo tanto, está todo entrando ahí. Pero bueno, trabajando mucho en
la imaginación, porque tengo la sensación de que está imponiéndose una idea que
a mí me causa una tremenda tristeza, que es la idea de lo inexorable. Entonces,
creo que la imaginación es una forma de sortear lo inexorable.
- En tu última novela, Clara
y confusa, planteás una idea del arte como work in progress, como
oficio, como laboratorio. ¿Esta es una idea cercana a las vanguardias?
Me imagino que sí. Aunque
hablar de vanguardia es otro ideal, otra utopía. Pero bueno, podríamos decir que frente a
un estilo de arte donde solo interesa el producto final, hay otras personas,
entre las cuales yo me cuento, que planteamos que lo más interesante del arte
es el proceso, las preguntas que se van abriendo, los desvíos, los errores, y
no el producto final acabado.
- Pensaba también que el
malentendido es un elemento muy importante dentro de tu literatura. ¿Publicar en editoriales
grandes, ganar premios, atenta contra este malentendido que está en la base en
tu obra?
Es que para mí los premios no
son un lugar de poder. Y eso creo que hace una pequeña diferencia. Para mí son
una posibilidad colectiva de que podamos tener más espacios para este tipo de
literatura que los autores, las autoras que me gustan, con los que tengo alguna
afinidad, podamos ir abriendo espacios a este tipo de literatura. Entonces, creo que ese es un
proceso colectivo. Lo veo más como eso, como posibilidad de promover, de hablar
de otras cosas. Por ejemplo, cuando me daban el premio me preguntaban, ¿cuál es
el mensaje? Yo no doy mensajes. Después un amigo me dijo que Borges decía, no soy mensajero. Cuando me
gané el premio Herralde, decíamos, es como la sensación de que lo podía ganar
uno de nosotros.
- ¿Estás trabajando en algún título nuevo,
tenés planes de publicación?
Ahora en noviembre sale una
nueva edición de Los Perplejos, por Anagrama. En marzo voy a ir con unas
crónicas nuevas, y al final de año con una editorial chilena, un libro de
ensayo, y bueno, tengo montones de proyectos, estoy trabajando en una novela,
que lo único que quiero es que pase esto para poder seguir, porque estaba muy
entusiasmada. Y bueno, ahora tengo una jubilación que no tenía, no tenía idea
cómo iba a ser cuando dejara de trabajar, así que me voy a dedicar a escribir,
llenar las mesas de las editoriales. ¡Y a leer!
Publicado en La gaceta literaria, 27/9/2026