Quien vive atravesado por la pasión de la lectura y el conocimiento sabe que “los libros son voluminosas cartas a los amigos.” Con esta premisa, el autor de este trabajo pensó su autobiografía lectora, en la que agradece la fortuna de haber conocido a los grandes maestros con los que se formó: Enrique Pezzoni, Beatriz Sarlo, Ana María Barrenechea, Elvira Arnoux, y a los compañeros de ruta que lo acompañaron en los numerosos proyectos que llevó adelante.
Desde
los primeros libros que recibió de manos de sus maestras como El principito
(al que le dedica una lúcida lectura que lo saca de la serie del bestsellerismo),
recorre cada una de las etapas de su formación intelectual, donde aprendió, de
la filología, la importancia de la reconstrucción de los archivos, como el de
Walsh, que la dictadura había desmantelado; del formalismo ruso, a leer en
forma clandestina; del análisis del discurso, a desmontar los discursos políticos
y publicitarios (muchas veces, indiscernibles); de la literatura contemporánea,
las rupturas de las vanguardias y de su experiencia pedagógica en el nivel
medio, lo mucho que hacía falta en materiales de estudio, que luego elaboró.
Pero como su afán pedagógico lo puede,
explica cada una de estas disciplinas y transforma esta Memorabilia en un
sólido manual de Teoría Literaria, con una prosa que tiene la belleza de lo
arcaico para hablar del presente, donde vocablos como petulante, botarate o
tarambana nos recuerdan que lo nuevo no siempre está por llegar.
Publicado en El Dipló, edición de febrero 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario