Entrevista a Carmen Cáceres
Con la crisis del 2001 como marco, la autora de La Ficción del ahorro, la novela ganadora del premio Fundación Medifé Filba, reflexiona, con mucha lucidez, sobre todo lo que hacemos para ganar, gastar, ahorrar y perder el dinero, ese objeto que, como la vista de un cadáver, nos atrapa y repugna a la vez.
- Esta novela pone el dedo en la
llaga sobre dos temas tabú: el dinero y el suicidio adolescente. ¿Cuál fue el
disparador?
- Marx llamaba al dinero “la mierda económica”. ¿Qué relación tenés vos con el dinero?
Yo creo que pude escribir la novela porque no tengo tanto mambo con el dinero. Cuando tengo mucho, lo disfruto, y cuando no tengo mucho, sé que es lo normal. Obviamente soy de una clase media privilegiada, porque hay muchas personas que, trabajando en cultura, no les alcanza. Nosotros estamos llegando a fin de mes. Como digo en el libro, mantenerte es toda una virtud. Y también el privilegio, aunque no debería serlo, de vivir de lo que quiero, la ilustración, la traducción, la escritura, los talleres.
- Diciembre del 2001 está narrado en un segundo plano, no se narra el estallido, sino todo lo que se lleva puesto, como los cadáveres y la ropa que aparecen luego de la crecida del río. ¿Esta distancia fue deliberada?
No fue deliberada, pero sí es cierto que yo necesito mucha distancia física y temporal para no escribir desde la emoción. Porque desde la emoción yo no funciono bien.
- Hay una muy buena observación sobre los límites de la sociología y del progresismo, que pareciera ser el único segmento para el cual el dinero es un problema abstracto, además de incómodo. ¿La sociología es una disciplina urbana, blanca y pequeño-burguesa?
No sé. A mí me
interesa mucho la sociología. Lo que pasa es que si vos te pones en la cabeza
de alguien de 20 años que está tratando de entender lo que pasa, la sociología
sí se vuelve una abstracción que delimita la cancha, pero no se mete adentro.
Entonces, para dar ese salto empático que es la literatura, hace falta una mentira para decir mejor una verdad. No sé si vos te acordás todo lo que era el discurso del progresismo en el 2001, había que usar ciertas palabras, sobre todo en Capital Federal, era una manera de hablar de la cual yo como provinciana me sentía un poco afuera. Pues yo creo que eso es lo que me permitió pensar la sociología desde afuera.
- Como dice Chitarroni en el epígrafe, “Provincia” es la tierra de los vencidos. ¿La literatura escrita en las provincias tiene su propio circuito o el centro sigue estando en Buenos Aires?
Sin duda, el centro sigue estando en Buenos Aires. Igual que el centro editorial de habla hispana sigue siendo Barcelona. Es cierto que, a diferencia de hace por ahí 10 años, ciudades como Córdoba, Rosario o Tucumán están teniendo polos editoriales que dan visibilidad a cosas que luego se retoman a nivel nacional. (De hecho, estuve este año en el FIL, en Tucumán, y me encantó). Pero digo, sacando 3 o 4 ciudades, para que esos autores sean consumidos a nivel nacional, tienen que pasar por Buenos Aires. Yo ahora vivo en Misiones y fui publicada en una editorial de Buenos Aires, Fiordo.
- Pensaba en esta novela como un homenaje a las familias ensambladas amorosamente. ¿Y a los trabajadores que se caen y se levantan una y otra vez al ritmo de nuestra cruel economía?
Sí, yo creo que sí. Es bonito lo que decís. Sí, es un homenaje a la clase media, porque yo sí creo, y me gusta que lo digas, que está escrito con amor, esa resiliencia, esta idea de que una crisis cada 20 años es una forma de estabilidad. Y eso está un poco condensado en la madre. Ella es como que lo vive todo sin sorpresa, y sin dolor. Mantenerse es lo máximo a lo que aspiran.
- ¿Qué significó este premio para vos?
El premio para mí
es un regalo. Porque hace que el libro sea leído bajo otra luz. Obviamente uno
quiere pensar que un jurado tan prestigioso está diciendo que vale la pena,
pero al final lo que genera esto es que gente a la que le pasó desapercibido el
libro en una ola de novedades constante, lo lea. Y además, porque yo no volví a
escribir después de esta novela, estoy maternando, laburando, haciendo lo que
puedo también, y en ese sentido es una enorme alegría. Y además de una palmadita en la espalda, es un impulso para seguir
escribiendo.
Publicado en La gaceta de Tucumán, 4/1/2026
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