jueves, 10 de marzo de 2016

En el desierto de los símbolos

Caracteres blancos

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La página en blanco, sabemos, es el otro monstruoso de los que escriben. Pero un cuaderno escrito con caracteres blancos lleva a la literatura -entendida como un campo que incluye no sólo al texto, sino a la lectura y la escritura crítica- a su límite. Y es en busca de esta experiencia que un hombre y una mujer abandonan su ciudad huyendo hacia “un desierto sin nombre” con dos botellas de agua y un cuaderno escrito con tinta blanca. Durante siete días de ayuno y despojados de toda referencia simbólica, en una suerte de paraíso bíblico desértico, comienzan la lectura del cuaderno con los episodios que uno al otro, en silencio y bajo la luz de un sol que ciega y convierte el paisaje en la misma nada, se cuentan.
En el primero, un padre viaja con su hija adolescente al lugar donde comenzó la historia de amor con su mujer que la indolencia transformó, como en un cuento de hadas, en seres de diferente especie.
Y es en el espacio de la literatura (universal pero sobre todo latinoamericana) donde estos relatos surgen, cuyos personajes, escritores y lectores, discuten sobre libros y autores y como en una puesta en abismo, viven las historias tomadas de los universos de Onetti, de Hawthorne, de Perec, de Melville, del Dhammapada budista o de la literatura maravillosa y las reescriben.
En otro de los relatos, un poeta adolescente sueña con la escritura de una novela obsesionado con el nombre de Oliverio Girondo, que, como en la estructura de los sueños, se autonomiza y desplaza para reaparecer en la dedicatoria de La vida breve de Onetti, la novela que soñó como propia. La playa de Mar del Plata es el lugar donde el joven poeta le contará su sueño a un escritor chileno que reproduce los diálogos con sus amigos argentinos poniendo en evidencia cuánto le debe al compás del tango el habla de los porteños.
Y la “imagen de nieve” podrá ser tanto el título de un cuento de Hawthorne como el término técnico para nombrar una imagen distorsionada en las pantallas, las dos líneas que arman el relato de la paranoia de un escritor agobiado por el peso de las novelas imaginadas.
En la ciudad de Santiago, un escritor, siguiendo a Perec en su “tentativa de agotar un lugar parisino”, logra convertirse en sospechoso para la policía cuando, buscando el alma de su ciudad, la recorre temporal y espacialmente intentando averiguar porqué “todos quieren estar en otra parte sin irse de ella” y descubre en lo blanco de la nieve la figura que la explica.
Y el terror clásico -que en Latinoamérica, no puede sino tener una dimensión política- encuentra en la figura del autómata el signo de la distopía. En una de las “nueve fábulas automáticas” (en la que quizás sea la de mejor factura) Pinocho, el instructivo muñeco de madera, se descubre como un monstruo construido con partes de la historia trágica de la dictadura pinochetista; la cabeza de un aséptico filósofo alemán admirador de Heidegger resultará el lugar donde vive y muere su dueño; o la “máquina medidora de almas” el instrumento de tortura más aterrador utilizado por el estalinismo.

Poco importa si los relatos tienen autonomía y ya fueron publicados, si desde la contratapa se anuncia que “el primer libro de cuentos del joven escritor chileno (…) es también una novela hecha de relatos”, acentuando la inestabilidad genérica de un texto que cuenta y se cuenta, una y otra vez, contra el lenguaje, el intento de asir el acto de la creación, una lucha que -como una imagen en la nieve que se deshace- convierte al escritor en un capitán Ahab enceguecido, persiguiendo en la página en blanco, ese “silencio sin marcos”, lo absoluto hasta transformarse en el objeto de una búsqueda imposible: la de “construir con las palabras que no digas una fortaleza”.

Publicado en diario Perfil, 6/3/2016  

miércoles, 10 de febrero de 2016

El sólo quería hacer pop

Su lucha

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Enero de 2016 trajo muchas viejas novedades: en lo doméstico, un sorpresivo cambio político con el que seguir en la misma senda; en lo general, la liberación de los derechos de la obra que sintetizó las líneas ideológicas que configuraron la mitad del mapa político europeo del siglo pasado, Mein Kampf.
Lejos de considerarla una etapa superada, un grupo de historiadores alemanes preparó una edición anotada de tan magna obra, en la que contextualizan, discuten y explican a las nuevas generaciones la sarta de necedades que este genocida concibió (y que llegó a publicar doce millones de ejemplares) para dotar de argumentos a sus planes de exterminio. Y como la historia no se repite pero retorna -como farsa- son muchos los que se interrogan si estos argumentos tan convincentes para tantos han perdido vigencia.
Martin Amis, con su novela reciente, La zona de interés, es uno de ellos y en el límite entre ambos géneros, Patricio Lenard acaba de publicar la historia ficcionalizada del proceso de escritura de Mi lucha, registrado en los diarios que Rudolf Hess escribiera durante 1924, el año que ambos estuvieron en prisión por el fallido golpe de estado en Baviera.
Comenzando con un procedimiento que la literatura argentina a partir de Borges acuñó, la ficción que se autoproduce, y construyendo una escena puramente escrituraria donde el texto nuevo resulta la traducción anotada de un supuesto manuscrito recién descubierto (que además, es la copia que la viuda de Hess hizo de su diario, a escondidas de su marido), leemos el puntilloso registro diario que Rudolf Hess llevó de sus gloriosos días en la cárcel como secretario de Hitler cuando tipeó el primer tomo del libro en cuestión.
Muy rico es el material con el que Lenard trabajó, los años del proto-nazismo -nacido al calor de la derrota alemana en la Primera Guerra, del derrumbe de su poderosa economía y del avance de su principal enemigo, el comunismo soviético- los años en que se fue consolidando una reacción paranoica y desquiciada a todas las promesas libertarias y pacifistas que la revolución social proclamaba y, como su espejo invertido, se iba pergeñando una sociedad purificada por la eugenesia, donde poder terminar de una vez y para siempre con la amenaza judeo-marxista, cuestiones que el libro de Hitler, como buen manual doctrinario, expone con toda claridad y que sospechosamente, la mayoría, por aquellos años, parece no haber advertido.
Los diálogos entre los futuros funcionarios nazis que nutren los capítulos de la novela, leídos hoy, parecen salidos de una convención de psicóticos, tanto como resulta difícil diferenciar al Führer de cualquiera de sus caricaturas, como evidente encontrar en el fanatismo de Hess por su líder una muestra de amor homoerótico escondido detrás de tanta virilidad y misoginia. Personajes, al fin y al cabo, de una ficción que recupera en las extensas y documentadas notas al pie, las consecuencias que en el plano de la realidad tuvieron todas estas disquisiciones trasnochadas.

Pero en este texto, tan pegado a la Historia, la ficción resiste y lo hace en los modos en que se plantea la política, como el arte de hacer creer, como una forma posible de lectura, o como el relato de una ficción paranoica en la que los judíos son una enfermedad a combatir hasta extirpar del cuerpo social, y la raza aria, un ideal a alcanzar. Y los textos históricos, como las memorias de Hitler y su paso por las trincheras de la Gran Guerra, un documento a tergiversar, y como algunos capítulos de Mi lucha, un material posible de manipular por el afiebrado mecanógrafo que años después, a espaldas de su jefe, huyó a Escocia para intentar torcer el destino de una Historia que se empecinaba en no aceptar el relato de la primacía de los más fuertes.

Publicado en diario Perfil, 7/2/2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

El arte de la excentricidad

EUfyL: 
Nueva editorial de la Facultad de Filosofía y Letras


Seleccion. Samuel Beckett, Jacques Derrida y Roberto Arlt. La apuesta del sello editorial nacido para romper el cerco academicista de las investigaciones.

Con la certeza de que el espacio que concentra los estudios humanísticos es una usina de producción teórica y crítica, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA decidió armar un sello editorial -EUFyL- para poner en contacto el mundo de la investigación académica con los lectores no especializados. Para eso, convocó a un editor de oficio, Guillermo Saavedra, al que lo rodea un consejo editor formado por un representante de cada carrera, con el propósito de que los debates que se producen dentro de las cátedras traspasen sus muros, siguiendo el camino de otras editoriales como el Fondo de Cultura Económica, Siglo XXI o Paidós, que hicieron lo propio con la sociología, las ciencias políticas o el psicoanálisis.
Para eso, proyectaron varias líneas: una que revisitará grandes autores de la tradición cultural argentina, donde diez intelectuales elegirán fragmentos de la obra de un escritor y lo comentarán. Comenzaron con diez aguafuertes de Roberto Arlt y prometen seguir con Sarmiento y con poemas de Lugones. Otra, en la que publicarán las conferencias de intelectuales que nos visiten -como ya hicieran Didier Eribon y Noam Chomsky- y la inauguraron con la conferencia que dio Jacques Derrida en el año 95 en esta misma facultad, prologada por un gran lector de su obra, Jorge Panesi. En cuanto a la literatura, el tercer título, recién salido, es un cuento inédito de Samuel Beckett publicado en forma bilingüe, con un prólogo de uno de los mayores investigadores de su obra.
“Fantasías y espejismos de la modernidad” encuentra la prologuista de la selección de aguafuertes arltlianas, Sylvia Saítta, en los textos periodísticos que aquél escribió para el diario El Mundo, todos los días, durante catorce años, de los cuales, los diez elegidos por sus comentadores pertenecen a los primeros años de la década infame, cuyo vértigo y espesor este autor supo identificar como pocos.
Y es el lenguaje el terreno donde despliega esa lengua ácida y ese oído atento al presente con los que fustiga a “la academia de los fósiles”, ilustrándolos con un ejemplo salido de la cantera lingüística de los bajos fondos, en el que afirma que si alguien que va a apuñalar a otro le dice: “te voy a dar un puntazo en la persiana”, resulta mucho más elocuente que si dijera: “voy a ubicar mi daga en su esternón”. Y quién lo va a poner en duda.
Como maestro de “filología lunfarda”, pone especial cuidado en distinguir la palabra “fiaca” del verbo “esgunfiarse” -referido a los que se desmarcan del culto al trabajo- de los que “se tiran a muerto”, los que, haciendo que trabajan, viven de los demás. Y nos recuerda que estos especímenes florecen en todas las oficinas, “aún en las empresas donde es sagrada ley chuparle la sangre al que aún la tiene”, por si nos quedaban dudas acerca de qué clase de sociedad está hablando.
Sus comentadores leen en estos textos escritos con la urgencia de la columna diaria, las marcas de una escritura que disputó un lugar en el campo literario “sacando golpes de todos los ángulos”: la dramaturgia, el periodismo, la crítica de cine y hasta la sociología de las costumbres. Y en una vuelta de tuerca, uno de ellos lo señala como precursor de Walsh en la potencia de una crónica que denuncia el fusilamiento de Severino Di Giovanni con las armas que la literatura llama procedimientos.
El segundo título, Historia de la mentira es la conferencia que Derrida dio en la Argentina en 1995, años de plenitud del posmodernismo. Y en su historización comienza por Sócrates, San Agustín (que ya sabían que no existe la mentira -lo dicho- sino el hecho de mentir -el decir-), pasando por Koyré hasta llegar a los planteos de Hannah Arendt sobre la mentira política que encuentra en el reinado del simulacro su lugar en el mundo, cuando afirma que la mentira moderna ya no sería la disimulación que enmascara la verdad sino la destrucción de la realidad, a partir del desarrollo de los medios masivos. Y es en la amalgama de política, medios y fe donde se define la mentira en nuestras democracias, dirá Derrida junto con Arendt, como la capacidad del Poder de hacer creer.
El último de los títulos, Asunción, es el primer cuento de Beckett, del año 29, que la revista transition, -la que difundió a casi toda la vanguardia europea, salida de la mítica librería parisina Shakespeare and Company- publicó. Fue en ese mismo grupo donde conoció a Joyce, convirtiéndose en uno de sus mejores lectores, como se puede advertir en este relato, cuyo protagonista, un artista encerrado en el ensimismamiento y la angustia, reflexiona sobre la experiencia de la creación que tendrá el carácter de la compacidad -“el arte más excelso reduce su significado hasta alcanzar esa perfección inexplicable que nos hace estallar”- y rechazará toda concesión al público.

Edición muy cuidada, su introducción reconstruye las coordenadas de iniciación de Beckett con la que esta editorial inaugura la línea dedicada al rescate de la gran literatura, a la que no hay más que darle la bienvenida.

Publicado en diario Perfil, 2/1/2016

lunes, 28 de diciembre de 2015

IV Feria de editores independientes




Atendido por sus dueños. Confían en que el público acude por el aliciente de los descuentos.
Atendido por sus dueños. Confían en que el público acude por el aliciente de los descuentos. | Foto: Marcelo Aballay
Una vez más –para ser precisos, la cuarta– los editores independientes celebraron un encuentro, invitados por FM La Tribu (y quizás haya que ir buscando un lugar más grande para el próximo año), donde pudieron intercambiar tanto experiencias como sus últimos títulos y conocer a sus lectores, a los que sedujeron con importantes descuentos, que éstos aprovecharon para encarar las compras de Navidad. Treinta y siete sellos fueron los que se dieron cita, algunos, recién creados hace apenas un año junto a otros como Beatriz Viterbo, por ejemplo, que va por su cuarto de siglo.
En un momento político y económico bisagra, de mucha incertidumbre para la “pequeña y mediana industria”, sus responsables siguen apostando por una actividad que requiere mucho talento y dedicación, un ojo bien entrenado y una alta dosis de sensibilidad para lograr finalmente que un texto se encuentre con su lector.
Víctor Malumian, el organizador de la feria, explica, desde su lugar al frente de Ediciones Godot, el porqué de estos eventos: “Decidimos armar una feria para solucionar tres problemas: encontrar un lugar donde haya gente que te pueda asesorar. Y nadie conoce mejor su catálogo que el propio editor. Segundo: el aliciente de los descuentos. Tercero: curemos la feria para que el lector sepa que en cada mesita va a encontrar lo mejor de la edición independiente. La feria funciona así: vos tenés una editorial como Gourmet Musical que se especializa en música, Caja Negra que hace cine, estética y joyitas como Páprika o Fiordo que están sacando literatura internacional con traducciones muy cuidadas. Tenés a Blatt & Ríos, a la vanguardia de la literatura nacional; ensayos, con Las cuarenta, AH o nosotros. La idea es romper con el esquema de comprar la novedad y que el lector sepa que no importa qué libro esté buscando, acá va a encontrar una editorial especializada.”
Una de las más nuevas, EME (sigla de “Estructura Mental a las Estrellas”), comenzó en el 2014 y ya tiene tres colecciones en las que publica tanto escritores nóveles muy jóvenes, como ensayos recuperados del pensamiento nacional. Lejos de achicarse, piensan para el año próximo publicar varios títulos en las tres colecciones. A su lado, Nulu Bonsai, fanáticos de algunos clásicos descatalogados, publica poetas nóveles en su colección “Ataque Emocional al Sistema Capitalista.”
La rosarina Beatriz Viterbo espera festejar su 25º aniversario reeditando los veinte títulos de César Aira de su catálogo. Otra de sus apuestas es una colección de libros-álbum de ficción que piensan inaugurar con cuentos de Silvina Ocampo ilustrados.
Frente a la pregunta acerca de qué clase de lector tienen en mente a la hora de elegir lo que van publicar, Sebastián Martínez, editor de Entropía, piensa en “un universo de lectores a construir acorde con el universo propio de nuestros gustos”. Los recientes cambios económicos que sumaron más aumentos a los que periódicamente sufre el precio del papel, no pueden sino restringir la capacidad de consumo de los lectores a los que aspiran, sostiene. Sin embargo, los once títulos previstos para el año próximo, por ahora, siguen en pie.
En Bajo la Luna, una de las editoriales que se obstina en publicar a los poetas argentinos contemporáneos y a los extranjeros, creen que el aumento de los insumos ya es preocupante. Por ahora, están atentos a lo que resulte de la apertura a las importaciones, tema que preocupa a la mayoría. Mariano Blatt, de Blatt & Ríos, es uno de los que teme que se inunden de títulos españoles y mexicanos nuestras librerías, “sobre todo a partir de la crisis española, la Argentina resulta un mercado muy importante para ellos, y como el libro argentino está caro, ellos pueden venir con buenos precios.”
“Estamos muy asustados” confiesa Maximiliano Papandrea, de Páprika. Si bien supone que las nuevas medidas podrían mejorar la posición de los libros argentinos en el exterior, la predilección de los lectores nacionales por los títulos españoles lo deja bastante intranquilo.
Mientras esperan definiciones sobre políticas públicas y el reordenamiento del mercado, confían en que la especificidad de sus productos “no entran en la generalidad de la ley”. Como aseguran los de Eterna Cadencia: “Nos anima un impulso editorial difícil de derrumbar.”
Publicado en diario Perfil, 27/12/2015

viernes, 18 de diciembre de 2015

Entre la universidad de la calle y la academia



Entrevista a Guillermo Saavedra

Proyecto. En el plan editorial de EUFyL figuran grandes autores de la tradición cultural argentina.
Proyecto. En el plan editorial de EUFyL figuran grandes autores de la tradición cultural argentina. | Foto: Gentileza Facultad deFilosofía y Letras (UBA)

Director de la flamante editorial de la Facultad de Filosofía y Letras (EUFyL), que inicia su catálogo con Roberto Arlt, Samuel Beckett y Jacques Derrida, promete una nutrida serie de libros en los que divulgación e investigación van de la mano.

—¿Cómo surgió esta nueva editorial universitaria?
—Esta facultad siempre editó sus propios libros, hasta ahora orientados a las necesidades de las cátedras. Entonces este sello viene a poner a conversar toda esa producción libresca con los lectores de afuera.
—¿Y cómo piensan hacerlo?
—La Argentina cuenta con un piso de lectores de una alta competencia, de modo que el desafío es grande. Vamos a explorar el aspecto social de la geografía, el aspecto político de la antropología contemporánea, la relación con los pueblos originarios, cuestiones que se han puesto en discusión en estos últimos años, y la facultad tiene muchas cosas para decirle a la sociedad en ese sentido. Entonces, desenclaustrar esas investigaciones y llevar los aspectos más conversables a un ámbito no académico es nuestro objetivo.
—¿La divulgación es uno de ellos?
—La divulgación necesita encontrar un equilibrio que creo que estos trabajos garantizan. Por ejemplo, Historia de la mentira es el resultado de una conferencia que hace veinte años dio Derrida acá, tiene un prólogo de Jorge Panessi. La facultad produce constantemente valor y por suerte tenemos una excelente distribución en librerías en todo el país.
—¿Qué cosas de tu experiencia en editoriales comerciales quisieras volcar en EUFyL?
—Me formé leyendo los libros del Centro Editor de América Latina, de manera que para mí no hay muchas diferencias. Tuve la suerte de estar en grandes grupos editores y allí lo que aprendí es la cuestión de los tiempos y de la necesidad de resolver. Por supuesto que tenemos que hacer viables desde el punto de vista financiero los libros, pero no vamos a resignar prestigio ni calidad.
—¿Cuál es el plan editorial para 2016?
—Por un lado está la línea de revisitar grandes autores de la tradición cultural argentina, y vamos a pedirles a diez intelectuales de un rango muy amplio que elijan algún fragmento de la obra de ese escritor y lo comenten. Ya tenemos dos programados: uno con fragmentos de Sarmiento y el otro con diez poemas de Lugones. También, una antología temática de la poesía argentina. Luego, la antología comentada de la revista Centro, que es una revista pre Contorno. En cuanto a filosofía, a los profesores que nos visitan –Didier Eribon, Noam Chomsky– se les ha pedido que nos cedan los derechos de sus conferencias. Y este año acabamos de sacar un cuento inédito de Samuel Beckett en forma bilingüe, con un prólogo de uno de los mayores investigadores de su obra.
—¿Hay un público interesado en los discursos académicos, o lo que hubo es una ampliación del público universitario?
—Creo que lo que pasa hoy es que los discursos se han contaminado. Hace treinta años, los que escribían en los diarios eran los de la “universidad de la calle”, y por el otro lado estaba la academia con sus propias publicaciones. Me parece que estos límites son hoy mucho más porosos y nosotros venimos a ocupar ese lugar.
Publicado en diario Perfil, 11/12/2015

lunes, 30 de noviembre de 2015

La lengua desatada

Mundo cruel

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Comencemos por decir que este conjunto de cuentos fue el ganador de un concurso de temática LGTB sólo para saber de qué van sus historias y no para encasillarlas. Nada más alejado de esta literatura que ofrecer para el consumo editorial unos textos escritos bajo la sombra tutelar de Manuel Puig y su provocativo uso de la cultura de masas. Porque es el melodrama en toda su desmesura siempre al borde de lo grotesco lo que le sirve a este autor puertorriqueño para hablar del padecer de los subalternos: pobres, homosexuales, mujeres y niños transitan estas historias narradas con una lente rosa que como en Puig, reduce la distancia entre el narrador y lo que cuenta a cero.
En sus mejores relatos, una primera persona del singular reproduce, como una caja de resonancia y sin mediaciones, el habla popular: locas, travestis, drogones, prostitutos y hasta vecinas escandalizadas hablarán a través de este yo en el que cuerpo y lengua se funden. Porque en este mundo cruel las palabras quedan marcadas mucho más tiempo que los golpes.
Como en el primero de los cuentos, “Mujercita”, en el que un niño que ha migrado junto a sus hermanos por distintas casas siguiendo a una madre despechada digna de un bolero y que encuentra en los clásicos infantiles un lugar posible de felicidad, recibe, con la violencia de un cachetazo, el rechazo de su padre en la palabra “pato” (marica) cuando lo encuentra leyendo, cautivado, el clásico de Louise M. Alcott.
Y es en el cuento “La Edwin”, donde la lengua se desata al ritmo desbocado de unas vidas al límite -en los años en los que el SIDA perpetraba un nuevo genocidio- en el cotorreo de dos locas que descreen de los experimentos de la militancia pro diversidad sexual, y que, como criaturas de Almodóvar, se dejan llevar por las letras desbordantes de pasión de los boleros, su banda de sonido. Y es que, como los grandes cantantes populares (y como ellas), “la Yola se la vive”.
Otro es el género que musicaliza en “El vampiro de Moca” el circuito de las barras gays de una ciudad caribeña inundada de iglesias de todas las religiones posibles: el reguetón y la salsa, donde la fiesta deja ver, apenas, la sordidez del paso del tiempo (y la autoironía) cuando los únicos jóvenes que se acercan al enamoradizo protagonista le ofrecen compañía paga, o la de una mascota que al morir, deja a su dueño solo, endeudado y en la cárcel por intentar embalsamarla.
La vida como espectáculo, con toda la artificiosidad que hizo suyo el arte pop (y su ilustre antecesor, Oscar Wilde) se despliega en este universo donde la cursilería -el modo latinoamericano de designar lo que hoy llamamos kitsch- reina entre la astrología, las comedias musicales, el cine de Hollywood, los íconos gay como Lady Di y la religiosidad afro.
En su reverso, la ciudad miserable y violenta será el lugar donde los “bugarrones”, gays pobres, venden sexo por un par de ojotas o una línea de coca. Como en el cuento “Botella”, donde su protagonista huye en una carrera frenética del olor a podrido, la “peste” que lo impregna y que sube por sus calles e invade todo el cuerpo social y del que intenta protegerse comprando una botella de cloro.

Y el homoerotismo adquiere alturas místicas cuando un bello jovencito, el protagonista del cuento “El elegido” descubre el porqué de la predilección del pastor de la iglesia por su cuerpo que le revela muy pronto su mayor deseo: el ser sodomizado. Los azotes de su padre, en lugar de disuadirlo, lo convertirán en el objeto de adoración de toda la comunidad masculina y como los personajes de Bataille, encuentra en el erotismo que encierran las imágenes bíblicas, la síntesis de lo humano en lo divino que goza y se disipa. Y como en Bataille, las pequeñas muertes no anunciarán la aniquilación sino la vida que goza y celebra.

Publicado en diario Perfil, 29/11/15

lunes, 9 de noviembre de 2015

El primer hombre es el otro

Yo también soy

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Mijaíl Bajtín es uno de esos pensadores que tienen la rara virtud de haber desarrollado (y dado vuelta) varias disciplinas: la teoría literaria, con la que, tomando como base a Dostoievski, desarrolló su concepción de la novela polifónica; la lingüística, al sacar a la lengua del lugar de mero código o estructura y ubicarla en una zona de frontera, el espacio donde el diálogo funda el lenguaje; el análisis del discurso entendido como arena de lucha donde el enunciado, pura ideología, se despliega en la fricción y el malentendido; la historia cultural y la antropología, en sus formulaciones sobre el carnaval como el principio que subvierte la cultura dominante, por lo que, quizás, su mejor definición sería la de un epistemólogo de las ciencias humanas.

Sus textos nos han llegado en forma fragmentaria, por lo que no debería sorprender la aparición de nuevas traducciones de su inagotable archivo personal, como es el caso de este trabajo, en el que se recuperan los fragmentos –que muchas veces, la edición paleográfica no logra descifrar- donde reflexiona sobre la alteridad como el principio ontológico en el que basa su teoría del sujeto. “Yo también soy” es (toda una declaración de principios) darle la primacía al otro que me constituye y por lo tanto mi enunciado siempre tendrá el carácter de una respuesta, con lo que derriba al sujeto cartesiano del conocimiento. Si sólo puedo verme a través de los ojos del otro, las consecuencias de este planteo resonarán en la teoría del conocimiento, en la etnología, en los estudios culturales y hasta en las más actuales investigaciones sobre las identidades sexuales, una muestra de que Bajtín llevaba uno de esos relojes que adelantan.

Publicado en diario Perfil, 8/11/2015