En
el mar de novedades literarias donde predominan los linajes de mujeres con
historias largamente silenciadas y personajes perdidos en los meandros de su
propia mente, una editorial independiente argentina, Palmeras Salvajes, decidida
a publicar buenas traducciones de literatura norteamericana poco conocida en
nuestro país sorprende con un western. Nada más a contrapelo de la tendencia
actual que un género popular y masivo que reinó en el cine y la TV hasta bien
entrada la década del 70 y que hizo del culto a la virilidad su razón de ser,
donde las mujeres, indiferenciadas, masculinizadas o escandalosamente
atractivas, son el otro absoluto.
Un
género que con los años se volvió de culto y que fue revisitado por grandes
directores como Kurosawa (qué otra cosa son las películas de samurais), que
pone en escena una narrativa de los límites, tanto geográficos como morales de
la que esta novela publicada en 1940 y protagonizada en el cine por Henry Fonda
y Anthony Quinn es un perfecto exponente.
Y
el “incidente” del que habla el título le hace honor a sus principios
constructivos en los que, como en los mejores relatos de Borges, se juega el
destino de un hombre. Porque en el western no hace falta más que un probable
incidente para que se eche a andar, literalmente, el relato, en el que una
partida de hombres armados y furiosos sale en busca de unos ladrones de ganado.
Claro antecedente de la road movie norteamericana, será el camino el
gran co-protagonista de la historia. Y la naturaleza, mucho más que un
decorado, forjará el carácter de los vaqueros, cuando una tormenta de nieve
borre la visión del camino a través de la montaña y sea el oído el sentido que
se haga cargo, magistralmente, de la descripción.
Una
literatura de pura acción sostenida en interminables soliloquios y debates
filosóficos y morales propios de una sociedad de posguerra (en este caso, la
Guerra de Secesión), “sin lugar para los débiles”, donde la justicia por mano
propia, un orador mesiánico o el miedo frente al grupo de pares se imponía a
unas proto-instituciones que no parecen haber ganado la partida cuando se trata
de la propiedad privada amenazada. Donde héroes y villanos ocupan lugares
intercambiables, tanto como las ideas de civilización y barbarie.
“Cuando
un hombre acepta desenfundar un arma… no puede echarse atrás sin una buena
excusa” afirma el narrador de esta verdadera novedad editorial, literatura de
la pura experiencia como conjuro contra el poder de la razón libresca.
Publicado en La Gaceta Literaria, 26/7/2026
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