En la historia del libro, los índices no parecen haber tenido la consideración que merecen. Con esta premisa, el autor de este trabajo llevó adelante una investigación exhaustiva desde las primeras tablillas en cuneiforme conteniendo un alfabeto completo hasta la primera página web que era, sostiene, un índice temático, donde encuentra el impulso de los humanos por sistematizar esas “unidades de conocimiento” a las que se puede reducir cualquier texto escrito.
Desde
los monasterios europeos del siglo XIII donde surgieron las universidades hasta
Silicon Valley, de la revolución de la imprenta hasta los hashtags, esta historia también es una historia de los usos que los
lectores han hecho de estas “unidades de conocimiento” a través de los siglos y
de su necesidad de ubicarlas rápidamente en el cúmulo de textos. Y en este
desarrollo, resalta la revolución que supuso la aparición, en 1470, del primer
número de página impreso en la historia, una verdadera innovación sin la cual los
lectores estaríamos perdidos y que todavía, los libros electrónicos no han
podido resolver.
Con
ejemplos salidos de la política, la literatura o las redes sociales, nos cuenta
cómo en el siglo XIX, los índices fueron utilizados por los opositores
políticos para filtrar mensajes que ridiculizaban al autor del libro, los
“falsos índices”, haciendo las delicias del cotilleo político de la época. O
los incluidos en algunos libros de ficción, donde llegaron al extremo con la
publicación de un índice del índice temático de la monumental novela
sentimental Clarissa, que ocupaba 85 páginas. O los que confeccionaba
Sherlock Holmes, un “Google humano” de la época victoriana, enciclopédicos y
cargados de palabras claves. O los hashtags, esas etiquetas surgidas en
las redes sociales, propias de una comunidad en línea que ya ha aprendido a
usar los motores de búsqueda y se dedica a categorizar la información y que, como
un indexador espontáneo, filtra hasta encontrar las palabras claves para un
determinado concepto.
Este
libro pone de relieve uno de los trabajos más invisibilizados de la producción
editorial: la de los indexadores y termina con dos ejemplos de índices
temáticos: uno generado por computadora y otro, por una indexadora humana y la
diferencia resulta muy notoria, para concluir que el criterio y la sensibilidad
humanística para agrupar ideas y seleccionar las palabras claves en una red
conceptual difícilmente puedan ser replicados por el más sofisticado de los
motores de búsqueda.
Publicado en La gaceta de Tucumán, 12/7/2026
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