jueves, 5 de noviembre de 2026

René Goscinny, un vecino ilustre de Buenos Aires

 


Con motivo de cumplirse 100 años del nacimiento del genial historietista francés con el que nos divertíamos mientras aprendíamos historia europea, sus editores argentinos organizaron una muy nutrida muestra, visita imperdible para fanáticos de su obra de todas las edades.

 

En 1926 nacía en Francia René Goscinny, el país donde poco tiempo antes, sus padres, judíos llegados de Polonia y Ucrania, se habían naturalizado ciudadanos. Europa vivía el período de entreguerras y el clima político enrarecido empujó a la familia a migrar, una vez más. Y fue la Argentina, donde estaban instaladas las colonias agrícolas financiadas por el barón Hirsch, el lugar elegido por la familia, más precisamente, Buenos Aires, en el apacible barrio de Retiro, como lo indica la placa en el edificio de la calle Sargento Cabral 875.

 Y la ciudad donde pasó su infancia y su juventud, donde se nutrió del tango y la comida criolla, decidió homenajearlo con un festival en la Av. de Julio el mismo día de su nacimiento, el 14 de agosto pasado, un proyecto avanzado de plaza con su nombre y una muestra en el Museo Judío organizada por la editorial que publica aquí su obra, Libros del Zorzal, con increíbles materiales de archivo traídos del Institut Goscinny de París, que se puede visitar hasta fines de abril del año próximo.

Sus primeros pasos porteños

          Llegó al país con apenas dos años y lo dejó cumplidos los 19. Lo recibió una ciudad de migrantes, multilingüe y tanguera, gran receptora de la cultura de masas norteamericana: los cómics o historietas, que leyó con entusiasmo, como se puede ver en los bocetos, dibujos y manuscritos que se exhiben en la muestra.

Disfrutó de una educación bilingüe en el Colegio Francés (hoy, el Liceo franco-argentino Jean Mermoz), donde aprendió que “dos más dos son quatre”, como le gustaba decir, desplegó su afición por el dibujo caricaturizando a todos sus profesores y acumuló una gran cantidad de anécdotas que más tarde reflejó en las historias de El pequeño Nicolás, ese personaje hiperkinético e irreverente que, junto a sus traviesos amigos y a su infantilizado padre, demostraba su capacidad para meterse (y generar) todo tipo de problemas.

Con una vocación definida por el humor gráfico, empieza a trabajar en publicidad y colabora en las revistas de los exalumnos del Colegio Francés, Quartier Latin y Notre voix, mientras compone caricaturas de los principales personajes de la Segunda Guerra, cada vez más sofisticadas. Eran los años del boom de la historieta argentina, y revistas como Patoruzú, Rico Tipo, Billiken, Tit-Bits, de las que Goscinny era un lector voraz, se vendían de a millones. 

La corta experiencia norteamericana y su regreso a Europa

            En 1945, poco después de la muerte de su padre, a instancias de un tío que vivía en EE.UU., decide viajar a aquel país en busca de trabajo. Allí conoce a Morris, el ilustrador belga autor de Lucky Luke quien, unos años más tarde, lo dejaría a cargo de los guiones del cowboy más veloz que su sombra y a los principales historietistas norteamericanos como Harvey Kurtzman, el fundador de la mítica Mad, en la que trabajó sin mucho éxito.

            Para comienzos de la década del 50 ya está de vuelta en Europa y es en las principales revistas de historietas belgas, Spirou, Tintin, y la francesa Le moustique, donde publica sus trabajos. Junto a Jean-Jacques Sempé da vida a El pequeño Nicolás, primero, como historieta, luego, como relatos ilustrados; con Albert Uderzo, al piel roja Umpah-Pah; con Jean Fabary, al gran visir Iznogud y en el final de la década, ya como director de la revista Pilote y junto a Uderzo, al personaje que lo convirtió en una celebridad mundial, Asterix, que llegó a vender 300 millones de ejemplares y ser traducido a 40 idiomas, entre ellos, el guaraní, publicado en julio de este año. 

        Eran los tiempos de la posguerra y del existencialismo, en los que Francia, el país de la “resistencia”, quizás en un intento por sublimar la derrota sufrida en manos de los nazis cuando fue ocupada, produjo aquellos personajes “que resisten una y otra vez al invasor” y que, como Nicolás o los galos más famosos, son refractarios a cualquier autoridad (y a cualquier esfuerzo por civilizarlos) y, con la mayor de las ternuras, dejan en ridículo a todas las figuras del poder.

 Goscinny en la prensa argentina

            Casi simultáneamente con su aparición en el mundo francoparlante, en 1957, la revista Frontera que dirigía Héctor Oesterheld publicaba Lucky Luke, que unos años más tarde comenzaría a salir en Billiken y Anteojito, las dos revistas infantiles más importantes del país. Los 70 vieron aparecer a Asterix en los semanarios Siete Días Ilustrado, Billiken y AZ Diez, y pasar a integrar la colección Nueva Historieta de la editorial Abril donde se publicaron los álbumes que hicieron las delicias de varias generaciones y que, a partir del año 2015, pasaron a integrar el fondo editorial de Libros del Zorzal.

Publicado en Buenos Aires Connect, 2/11/2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario