sábado, 31 de octubre de 2026

Index. Historia de los índices

            Este trabajo de investigación sobre la cultura escrita (hecho, como no podía ser de otro modo, bajo el signo de Borges) es un homenaje a un oficio humilde y casi invisible en la industria editorial que hasta hoy no ha podido ser reemplazado por un software, sin resignar calidad y profundidad: el de indexador. Una tecnología que comenzó hace ocho siglos con el códice y que llegó hasta la era digital, ya que la primera página web de la historia no era otra cosa más que un índice temático.

            Para eso busca en la Antigüedad la protohistoria de los sistemas de clasificación, desde las tablillas escritas en cuneiforme, pasando por la organización de la biblioteca de Alejandría, hasta la primera tabla de contenidos de los Evangelios que un monje inglés confeccionó para hacer de la prédica una tarea más sencilla y que los maestros y alumnos de las incipientes universidades adoptaron como metodología.

Y si cualquier texto escrito puede ser reducido a “unidades de conocimiento”, esta historia también es una historia de la lectura, es decir, de los usos que los lectores han hecho de estas “unidades de conocimiento” a través de los siglos y de su necesidad de ubicarlas en el cúmulo cada mayor de textos.

Encuentra en los resquemores que genera la tecnología aplicada al conocimiento o en los algoritmos, el mismo rechazo que la escritura suscitaba en Sócrates, que no es otra cosa, sostiene, que la desconfianza en las mediaciones, de las que el propio lenguaje sería el primer responsable.

Publicado en El Dipló, edición noviembre/26

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