lunes, 22 de diciembre de 2025

Entrevista a Amaury Colmenares

 


Acequia, la novela con la que el mexicano Amaury Colmenares ganó el premio Las Yubartas, concedido por un grupo de editoriales independientes de América Latina -entre ellas, la uruguaya Estuario- junto a la feria del libro de Nueva York, es un caleidoscopio de relatos inexplicables, personajes entrañables, mitos apócrifos y referencias literarias unidos entre sí, que hace de la puesta en abismo y de los juegos ópticos el procedimiento formal con el que su autor construye la imagen de su ciudad amada, Cuernavaca.

Y en un laberinto de calles y de rutas que devuelven a los viajeros al mismo hotel abandonado volviéndolos locos, de grietas donde perderse en un tiempo dislocado, de edificios tapizados de espejos desde donde ver, como en un Aleph, toda la ciudad, logra el milagro de reformular el realismo mágico, a contrapelo de las tendencias actuales, con un resultado sorprendente. De todo esto y de su original propuesta literaria, habló con El País.

 

¿Cómo fue el proceso de escritura de Acequia?

Tardé diez años en escribirla, aunque desde muy temprano, en el proceso creativo, descubrí cuál era el tono y la sensación que quería provocar, pero no tenía muy clara la parte formal. Una vez que descubrí eso, pues ya fue concretarlo. Y creo que la novela es como estos juegos infantiles que son una hoja en blanco con puntos numerados y el niño tiene que unirlos. Tú unes los párrafos con tu imaginación y al final el dibujo que obtienes tiene tu propio trazo y creo que eso es lo que quería. Lo que me interesaba, además, era que cada fragmento aportara conceptualmente algo más al resto.

¿Cuánto del realismo mágico hay en esta novela?

Es una novela marcada totalmente por ese género, en el sentido de lo que decía Carpentier, que es estar en una realidad que incluye las cuestiones mágicas como parte de ella. Y yo así vivo la vida. No solo es una pretensión artística, es una reconstrucción de un modo de vivir.

Otra de las tradiciones con la que dialoga la novela es el barroco caribeño. ¿Qué le ofrece a tu escritura la tradición de la literatura latinoamericana?

Pues me parece que la literatura latinoamericana es muy experimental, muy explorativa y en esa tradición me inserto. O sea, nuestro barroco es producto de meterse a la selva y luego tratar de recrearla, mientras que el barroco en Europa es otra cosa. Ahora pienso que hay una generación menos barroca, mucho más intelectual, que coquetea con el ensayo, con la crónica, como ejercicios más reflexivos. Pero, de todas maneras, todavía existe ese barroquismo.

Uno de sus personajes es una editora de libros apócrifos, Lucía Pensamiento Borges. ¿Considerás a Borges un escritor puramente intelectual?

Es un homenaje contradictorio. Por un lado, Borges es un autor que tiene una obra que te puede llevar a pensar y a imaginar mucho. Pero por otro lado también es solamente un nombre que vende mucho en una librería. Entonces el juego de Lucía es ese. Ella nunca ha leído un libro de él y le da igual quién es.

Muchas de las formas del infinito aparecen en esta novela laberíntica, donde la puesta en abismo, el trompe l’oeil, los espejos enfrentados son parte de su estructura. ¿Qué significa para vos esta figura del infinito?

Yo creo que lo que Borges hace es tomar paradojas o posibilidades lógicas o imposibilidades lógicas y ponerlas en acción y mostrarlas, en vez de simplemente reflexionar sobre ellas y eso me parece que es muy valioso de su literatura.

Y en el caso de Acequia, lo que yo quería era pensar en dos o tres asuntos muy abstractos y procurar ponerlos en acción de distintas formas. Entonces, cada trama de la novela recrea o explora estos temas, el tiempo, los sueños, el amor, la necesidad de realizar un proyecto. Y quería que la novela misma fuera una puesta en acción de los temas sobre los que reflexiona.

Otro de los homenajes que aparece es al humor mexicano, en la figura de Cantinflas y Chespirito, maestros del sinsentido y de los juegos de lenguaje. ¿El humor mejora la literatura?

El humor es una manera de ver las cosas y es como un filtro. Creo que para que algo sea completo tiene que incluir la mayor cantidad posible de aspectos. Y ahora veo una falta de humor y es necesario incorporarlo. Como hay que incorporar la dimensión religiosa, la dimensión científica, la dimensión estadística. Todas esas dimensiones en torno a las cosas hay que tomarlas en cuenta para hacer arte y para convivir con el mundo.

¿Cómo impacta literatura indígena mexicana en tu obra?

Más que la literatura, el pensamiento que sigue vivo me interesa muchísimo. La cosmovisión originaria, que no es una, sino varias. No tengo mucho contacto de manera directa con las comunidades, pero siempre me ha interesado saber cómo es ese tipo de pensamiento. Y desde el punto de vista teórico, académico, también me parece muy interesante. Y he aprendido que la gente de las comunidades originarias vive su vida cotidiana en algo que podríamos llamar realismo mágico, en el sentido de que están muy instalados en el presente. Y como el mestizaje fue muy pronunciado, muchas de las maneras en las que pensamos obviamente vienen de ahí.

¿Qué significa el premio las Yubartas para la literatura latinoamericana?

A mí el premio me parece increíble y por lo tanto ganarlo ha sido asombroso. Cuando leí la convocatoria pensé que era una respuesta muy inteligente a una problemática muy marcada. Entonces, que doce editoriales independientes de distintos países se unan desde sus esfuerzos locales para un esfuerzo internacional, me parece que articula muy bien lo que está en tensión que es lo global frente lo local.

Pienso que la gente de las localidades a veces está muy desesperada por tratar de abrirse paso hacia el mainstream hegemónico globalizado y quienes lo logran pues ya se quedan ahí. Pero esto es diferente, es unir los esfuerzos de distintas editoriales locales sin abandonar lo local. Y eso es lo que me parece muy interesante.

¿Cómo ves la literatura latinoamericana actual?

Me parece que hay mucha calidad literaria, pero además creo que lo que hay es una nueva generación de lectores y lectoras que está muy interesado en voces nuevas, en temas actuales como el feminismo. Que están regresando al libro impreso, que tienen el aprecio por el esfuerzo artesanal. Y articulando todo esto con las redes sociales. Yo creo que hay como un nuevo mercado, un nuevo público. Y creo que esa sería la característica más notable de la actualidad literaria. No tanto las plumas, sino la gente que lee. Esto es lo que más me entusiasma.

Publicado en El País de Montevideo, 21/12/25

martes, 16 de diciembre de 2025

Prueba de cámara

 Entrevista a Andrés Di Tella

 

El último libro del cineasta Andrés Di Tella, Prueba de cámara, del que conversó con La gaceta literaria, es un viaje a la infancia y la adolescencia, ese territorio donde se forja la identidad construida a partir de los amigos, las canciones, los libros, las inclinaciones, y a la vez, es un homenaje a las figuras que lo ayudaron a encontrar en el arte sus propias coordenadas.

 

- ¿Qué es una prueba de cámara?

Es, básicamente, filmar a una persona para ver cómo da en cámara. Y Andy Warhol tomó esa idea para hacer una serie de películas cortas. A cada persona que entraba a su famoso estudio, The Factory, él los sentaba delante de una cámara, con la instrucción de mirar hasta que se terminara el rollo, que eran cuatro minutos. Y entonces yo cuento en el libro el caso de una chica que se pone incómoda, porque cuatro minutos son eternos, y no sabe cómo posar y se empieza a poner nerviosa y le agarra un ataque de llanto y se le corre todo el maquillaje, la desesperación total, y de pronto se le pasa. En el rostro se percibe como si hubiera tenido una iluminación religiosa o un orgasmo, no sé. Esa película que yo vi de Andy Warhol a los 18 años me resultó una síntesis del potencial del rostro humano y que eso también podía ser cine.

- Sos un hijo de las vanguardias del 60 y tuviste la suerte de vivir en Londres en los 70. ¿Qué le dio a tu trabajo cinematográfico esta experiencia con la poderosa cultura inglesa?

Yo creo que más que la cultura inglesa era mi familia. Mis padres siempre vivieron rodeados de amigos y entonces en mi casa de Londres podía venir, como lo cuento en el libro, Caetano Veloso, Daniel Cohn Bendit o Fernando Enrique Cardoso, el futuro presidente de Brasil, y nosotros éramos esponjas que absorbíamos todo lo que pasaba.

-  Durante la dictadura participaste de los grupos de estudio clandestinos que hubo en Buenos Aires. ¿Cómo impactó la posdictadura en tu vida artística? 

Yo había estado en el año 79 unos meses y ahí fui de oyente a una cátedra de Enrique Pezzoni, que daba clases en el profesorado de Letras y eso fue inolvidable, esas clases fueron las mejores de mi vida. Mirá que yo estaba estudiando en Oxford, ¿eh? Después tomé clases con Beatriz Sarlo, durante los años 82, 83 y 84 y antes había estado tomando clases con Josefina Ludmer. Y esa fue la mejor época de mi vida. No, corrijo, creo que fue una época de mucha efervescencia, de descubrimientos. En ese momento era realmente fantástico saber que lo que parecía eterno se derrumbaba. Y el impacto que tuvo en mí todo lo que se empezó a develar de lo que había pasado durante la dictadura, eso fue súper formativo. Cuando hice mi primer largometraje, Montoneros una historia, en simultáneo estaba leyendo a Dostoievsky. Y bueno, era Dostoievsky pero en la vida real, como muy revelador de las contradicciones del alma humana.

- En este homenaje a tu madre, la figura de tu padre, Torcuato, está notoriamente borroneada y en cambio aparece otra figura muy diferente, la del mentor, Ernesto, un arquitecto amigo de tus padres. ¿Qué aprendiste con él?

Bueno, lo que él me transmitió a través de Andy Warhol, el concepto de kitsch. Desconfiar del buen gusto, desconfiar de lo solemne, del arte serio. Y en ese momento, a los 18 años, yo acababa de descubrir a Bergman, que me parecía la máxima expresión del cine y del alma humana y a él le parecía una grasada. Yo después con el tiempo, recupero a Bergman, pero me parece que Warhol es como alguien que te da un par de lentes para ver las cosas de otra manera. Entonces, Ernesto es un poco la síntesis de ese grupo de gente que venía a casa como Caetano Veloso que aparecía con las uñas pintadas o mi vieja, que traía a casa a los pacientes del centro de antipsiquiatría donde trabajaba. Todo eso era bastante transgresor y te hacía pensar.

- El libro es como un réquiem por la infancia y la adolescencia. ¿Es necesario hacer el duelo por el paraíso perdido para seguir adelante?

No lo había pensado. Para mí, en primer lugar, fue al revés, fue una recuperación de algo que ya estaba perdido. Entonces, cuando empecé a hacer este ejercicio de memoria, me daba miedo que no pudiera recordar tanto. Y me sorprendió cómo fui tirando de la cuerda y empezaron a aparecer cosas muy concretas. También con un poco de licencias, siempre con el criterio de armar escenas, algo que me permitió avanzar cuando me topaba con una pared del olvido. Entonces fue un poco querer recrear ese universo en el que me crié, que desapareció porque no quedó un registro de eso. También siento una especie de deuda con mi propia experiencia y también con mis padres, aunque está centrado específicamente en mi madre, que yo creo que era el alma de la fiesta.

­ - El libro narra una escena de lectura de una historieta en un idioma desconocido, que tiene como el germen de lo que sería para vos el cine que te gustaría hacer, aquel en el que el espectador entendiera a medias lo que está pasando. ¿Este sigue siendo tu proyecto estético o lo fuiste reformulando?

Buena pregunta. Viste que el proyecto estético no es necesariamente lo que hacés sino lo que te gustaría hacer. Yo creo que hoy sí es mi proyecto estético, no necesariamente lo fue. Quizás la última película, Mixtape La Pampa, sea la que más cerca está de eso, es como un ideal de una narrativa cinematográfica en la que el argumento quizás no es tan evidente. Tenés que hacer un pequeño esfuerzo para entender. Y ese esfuerzo hace al disfrute y siempre me motivó. Pensar qué quiere decir, por qué hizo eso. Ah, no sabía que se podía hacer eso.

- ¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Estoy escribiendo un libro para la editorial Ampersand de mi historia como lector. Para cine, estoy escribiendo dos proyectos en simultáneo, uno de ficción, en este momento, bastante complicado de realizar, y un documental, donde la idea es volver a la India, el país donde nació mi madre, y hacer ese viaje con mis hijos, como una conversación entre un padre y sus hijos, pero dentro de ese marco, que espero poder concretar.

Prueba de cámara

Escrito al calor del final de su matrimonio, este trabajo es una novela de aprendizaje en la que su autor recupera las escenas de una infancia y adolescencia poco frecuentes, la de crecer dentro de una familia de la burguesía ilustrada cuyos nombres perviven en instituciones culturales de vanguardia, en universidades y en la historia de la industrialización del país.

En cada escena, como planos de un documental, nos encontramos frente a una confortable casa en la que se podía encontrar a Caetano Veloso o Gilberto Gil, a revolucionarios exiliados, pacientes de un centro de antipsiquiatría o a un arquitecto heterodoxo que lo arrancó de la formación clásica y le hizo empezar por el camino contrario, por el cine de Andy Warhol, y con el que descubrió el cine que era posible hacer. Y esta “universidad”, quizás más nutrida que la de Oxford, en donde estudió Letras, fue la que le dio forma a su curiosidad artística.

Profundamente conectado con la Argentina, la entrada en la juventud lo encontró en plena posdictadura, cuando el país volvía de la noche más siniestra, trabajando como periodista, desarrollando su carrera de cineasta y formando parte de la extraordinaria movida cultural de esos años.

Pero una atmósfera de melancolía rodea a esta memorabilia, cifrada en la respuesta que nunca le mandó a su mejor amigo de la infancia londinense, quien había tomado un camino opuesto al suyo y que quizás demuestre la imposibilidad de recuperar aquella época en la que fuimos tan felices.

Publicado en La gaceta Literaria, el 7/12/25

Memoria de Buenos Aires

 

A la búsqueda de tesoros patrimoniales

 


 

 




Con la certeza de que el patrimonio arquitectónico y natural es una fuente de asombro y felicidad para quienes habitan la ciudad, los autores de este trabajo, un documento ilustrado de algunas joyas patrimoniales descuidadas, también es una guía de cómo valorarlas y preservarlas.

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Del encuentro de dos apasionados por el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires, el licenciado en paisajismo Fabio Márquez, al que entrevistamos por acá: https://n9.cl/9ovsyb y la arquitecta y artista plástica Natalia Kerbabian, la iniciadora del proyecto @ilustroparanoolvidar, quienes entusiasmaron a la editorial Futurock, nació este bellísimo libro ilustrado, un compendio de muchos de los valiosos edificios que ya no existen más en nuestra ciudad, con el propósito no sólo de documentar las pérdidas del patrimonio, sino de proponer ideas y estrategias que las eviten en el futuro.

 

Su ilustradora, Natalia Kerbabian, egresada de la UBA, es la creadora del proyecto educativo centrado en la memoria "Ilustro para no olvidar" en el que encontró la manera de unir ambas vocaciones y de expresar sus ideas sobre la arquitectura, los paisajes y objetos a través del dibujo a mano alzada. Un trabajo de gran calidad artística y a la vez comprometido con los desafíos que implica la preservación de un patrimonio irremplazable.

Edificios de departamentos, casas, petit hoteles, fábricas, usinas eléctricas, pero también veredas, calles adoquinadas, jardines, plazas, luminarias, herrajes, carteles, buzones, vitrales, cúpulas o tapas de servicios públicos, todo cae bajo la mirada atenta y amorosa de los autores de Memoria de Buenos Aires, que saben cuánta información de la historia y, lo más importante, de la vida de quienes la habitaron y habitan, guardan estos elementos patrimoniales.

El objetivo principal de este trabajo, dicen sus autores, es despertar conciencia sobre la importancia del cuidado de nuestro patrimonio arquitectónico pero también natural, porque entienden la idea de progreso como la posibilidad, para quienes habitan la ciudad, de vivir en armonía con su entorno.

Como la posibilidad de volver a disfrutar de la enorme zona balnearia que la ciudad tenía hasta el año 1975, un importante espacio de ocio para sus habitantes, que se cerró por la contaminación del río y que urge recuperar, como las riberas del Riachuelo. O los innumerables “bares de la esquina”, esos espacios de encuentro y de reconocimiento tan importantes para la vida en los barrios.

Arquitectura a cielo abierto

Y Buenos Aires, como lo demuestran los autores de este trabajo, tiene una diversidad de estilos notoria, por lo que resulta una biblioteca de arquitectura a cielo abierto: desde edificios art déco, art nouveau, beaux arts, californianos, neorrenacentistas, racionalistas, neoclásicos, neocoloniales, neotudor, iglesias neogóticas y hasta edificaciones neorrománicas como las subestaciones eléctricas de la ex empresa de electricidad Italo Argentina, hasta las famosas “casa chorizo”, que los constructores italianos copiaron de las edificaciones romanas, adaptándolas a las necesidades del lugar e inaugurando, sin saberlo, un estilo propio del Río de la Plata. De todos estos estilos encontramos edificaciones que por su singularidad o por los materiales con los que fueron construidas hoy son irremplazables. De todas ellas se ocupó la ilustradora, como una forma de homenajear en el recuerdo a esos bienes patrimoniales hoy desaparecidos.

Pero los autores también se preguntan por qué y para qué conservar: lejos del criterio museístico o del cenotafio ilustrado, se proponen advertir sobre cuánto queda por recuperar, cuidar y conservar de todo ese patrimonio que está vivo y que tenemos el derecho de disfrutar.

Para eso, enumeran todo lo que, según ellos, hace falta: un profundo relevamiento, catalogación y diagnóstico del estado actual para elaborar un plan de preservación consistente, que se podría sostener a través de alianzas entre el sector público y el privado, mecenazgos, ventajas impositivas y, especialmente, una normativa actualizada. Todo, insisten, consensuado con los vecinos y con el aporte de especialistas de diferentes disciplinas. 

La búsqueda del tesoro

            Como somos muchos los que amamos esta ciudad, acá van algunos de los espacios que, con mucho amor y convicción, fueron recuperados por vecinos, particulares y gobiernos:

- Bar El Tokio. En el corazón del barrio Santa Rita, este “bar notable” tiene una historia de amor de casi cien años con los vecinos, al punto que cuando, este año, el hijo del mítico dueño lo reabrió, dio ocasión a una fiesta barrial. (foto1)

- Casa Anda. Av. Entre Ríos 1077. Con una historia de fantasmas a cuestas, esta joya art nouveau de Virginio Colombo está en proceso de restauración, gracias a la acción decidida de organizaciones barriales que lograron frenar su segura demolición. (foto 2)

- Plaza Clemente, en Colegiales. Después de una década de lucha vecinal, se construyó este espacio verde 100% con flora nativa y un circuito educativo para aprender a colaborar con el ecosistema.

- Caminito. Gracias a la feliz idea del pintor Quinquela Martín, que en 1959 propuso a los vecinos transformar sus calles en un museo a cielo abierto, hoy es el destino turístico más buscado por los visitantes extranjeros. (foto 3)

- Usina del arte. El emblemático “palacio de la luz” que albergó el edificio de la compañía Italo Argentina de Electricidad, fue creado por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna, con reminiscencias de un palacio florentino, cuya restauración y transformación en un complejo artístico de vanguardia llevó varios años y gestiones.

            Lo sabemos: los libros no cambian el mundo, pero quizás éste sea el puntapié inicial de una acción colectiva que, continuando el camino que muchos vienen recorriendo, logre que el Estado cumpla con el fin para el que fue llamado: administrar los recursos públicos para el bien de todos.

Publicado en Buenos Aires Connect, 5/12/25

 

Mi niñera de la KGB

             No debe haber nada más apasionante que la vida de un agente secreto y el género de espionaje, tan exitoso durante la guerra fría, supo sacar provecho de él. Pero descubrir que la amable señora que cosía la ropa y cuidaba de los niños del grupo de amigos de los padres había sido una émula de la Mata Hari, envenenado a su marido, un espía italiano, casado con Felisberto Hernández (quien le dedicó el extraordinario relato Las hortensias) y como si le faltara épica, participado activamente en el asesinato de Trotsky, excede todo lo imaginado.

            Y esta es la excéntrica historia que cuenta la escritora Laura Ramos, hija insumisa de una familia cultora de la vanguardia estética y política de los 60 (su padre, Jorge Abelardo Ramos, recordarán los más grandecitos, fue el máximo dirigente de lo que se llamó el “trotskismo nacional” y su madre, Faby Carvallo, una feminista culta y militantes del amor libre), la de la espía de la KGB Africa de las Heras, que llegó a recibir la Orden de Lenín, la máxima condecoración de la URSS, y a la que ella conoció como la entrañable María Luisa.

            Pero más allá del anecdotario familiar, la autora entendió los alcances históricos de este descubrimiento y emprendió un periplo que la llevó por Montevideo, Cuba, México, Ceuta, en el norte de Africa, donde comenzó todo, hasta Inglaterra, donde se encuentran los archivos secretos de la ex URSS, en el Churchill College.

            Dedicado a su alocada y ultramoderna madre, modelo femenino al que se opuso programáticamente y en la que descubrió más similitudes con la espía soviética de las que le hubiera gustado, se metió en cuerpo y alma en una historia que la involucraba personalmente y que la profusa bibliografía consultada respalda históricamente.

            Sigue la vida de la protagonista desde sus días en la resistencia republicana donde se destacó como una aguerrida combatiente y donde conoció a la famosa partisana Caridad Mercader, madre de quien ejecutara el asesinato de Trotsky, por otro lado, el genio tutelar de la familia Ramos. De allí, convocada por los servicios secretos soviéticos, pasó a integrar un comando paramilitar de la KGB y a infiltrarse en la retaguardia alemana en Ucrania, donde se destacó por su valentía, al punto de recibir la ciudadanía rusa. Cuando el estado soviético decidió establecer un centro de espionaje en Sudamérica, la envió a Montevideo (un verdadero “nido de espías”, según uno de los entrevistados por la autora), donde vivió y trabajó durante veinte años sin ser descubierta por ninguna agencia de Inteligencia ni por los amigos de la izquierda rioplatense, para los cuales, el descubrimiento de esta historia fue un verdadero shock.

            Si la literatura es la infancia recuperada, leemos en la dedicatoria del libro, esta investigación tan rigurosa no impide recuperar el costado literario de una figura casi legendaria que la puso frente al espejo de la experiencia personal y colectiva de una generación que se crió al abrigo de la revolución que se creía inminente.

Publicado en El Dipló, 30/11/25

domingo, 16 de noviembre de 2025

La lectura: una vida

 

Historiar una biografía lectora no sólo es el objetivo de esta colección de la exquisita editorial Ampersand, sino también, el de este intelectual -aquel que tiene una relación vital con el pensamiento y una posición respecto de su tiempo expuesta en cada una de sus intervenciones-, un defensor a ultranza de las Humanidades como las únicas capaces de formar ciudadanos con autonomía crítica, es decir, un público, sin el cual no habría libros ni literatura.

            Y en esta segunda edición, corregida y aumentada, asistimos al recuerdo amoroso de los grandes maestros que lo formaron -Pezzoni, Sarlo, Barrenechea, Arnoux- y de los compañeros de ruta, gracias a los cuales llegó a ser lo que hoy es: uno de los intelectuales y pedagogos más sólidos de nuestro país.

Pero no sólo de los nombres que lo marcaron, sino de los libros que lo llevaron a formular teorías de la lectura, proyectos de alfabetización y de formación superior. Como los que heredó de la biblioteca de un “primo tarambana” que sería secuestrado y desaparecido unos años más tarde. O de los poetas que descubrió en su trabajo editorial, de los nombres que pasaron a formar parte de su “caja de herramientas” como Barthes, Borges o Deleuze o el de Walsh, de quien, gracias a su formación filológica, pudo restaurar sus archivos dispersos e incompletos, con la convicción de la necesidad de recuperar nuestra tradición cultural que la dictadura había desmantelado.

             Describe, en cada capítulo, los fundamentos de cada uno de los oficios que ejerció: la docencia, la crítica literaria, el periodismo cultural, el trabajo editorial, la elaboración de manuales, en fin, de la política cultural, a la vez que desarrolla los temas teóricos que lo han acompañado en su trabajo con la profundidad de un Manual de Teoría Literaria.

Porque es en la bibliofilia, el amor por los libros en su capacidad de convertir a “un niño pobre y enfermizo” en feliz poseedor de un vasto capital simbólico, el lugar de Link en nuestra tradición cultural.

Publicado en La gaceta literaria, 16/11/25

lunes, 27 de octubre de 2025

Un lugar donde convertirse en naturalista

 

La asociación Aves Argentinas, una ONG con más de cien años de vida empeñada en proteger y conservar la biodiversidad de nuestro país, organiza todas las semanas encuentros, charlas y salidas gratuitas para aficionados a la observación de las aves.

 

Para participar, no es necesario ser especialista, aunque hoy cuentan con un equipo de más de cien personas en todo el país entre biólogos, técnicos, agrónomos, veterinarios y abogados dedicados al armado de estrategias para la conservación de las especies amenazadas y la creación de áreas protegidas.

Pero como creen que lo más importante es divulgar esta pasión, también ofrecen cursos y seminarios para quienes compartan el deseo de hacer del lugar donde viven un espacio de armonía con la naturaleza.

Unirse a alguno de sus Clubes de Observadores de Aves (COA), es empezar a transitar un camino que, como cuentan en esta entrevista, no se termina nunca.

 - ¿Cómo funcionan los Clubes de Observadores de Aves?

 Los COA funcionan coordinados por Aves Argentinas, pero se manejan de manera autónoma. Son más de 90 clubes en todo el país (en nuestra web está el listado) pero no hace falta anotarse a través nuestro, se pueden comunicar directamente ellos. En Buenos Aires hay uno en la Reserva Ecológica Costanera Sur, otro en la Reserva Ecológica Universitaria, está el COA de Palermo y así en todas las regiones y provincias.

Su objetivo es proponer actividades que tengan que ver con la observación de naturaleza, especialmente aves. Algunos COA hacen solo eso y otros también van a escuelas, se vinculan con autoridades para ver la posibilidad de hacer áreas protegidas nuevas, trabajan en plantaciones, hacen relevamientos de aves que se convierten en datos científicos. La verdad que es un universo muy lindo, pero el común denominador es que los COA son un espacio para que las comunidades puedan descubrir su entorno natural.

 - ¿Cuáles son los requisitos para formar parte de un COA?

 Ninguno, solamente tener ganas de hacerlo. No se necesitan conocimientos previos, todo lo contrario. Con la naturaleza el aprendizaje nunca termina, siempre te va a faltar descubrir un ave, entender un canto, es algo que dura toda la vida. Por eso, los que trabajamos en conservación, lo que buscamos es involucrar a todo el mundo en esto. Capaz no vas a ser en una guiada el que vaya identificando bichos, pero por ahí podés ser el que los encuentra. Lo lindo de las aves es que no hace falta ir a un parque nacional para verlas. En una placita de barrio o en un patiecito como este, unas cuantas especies van a aparecer.

 - La asociación se llama Aves Argentinas pero ustedes abrieron el abanico a la conservación de otro tipo de fauna.

 Sí, es parte de lo que somos. Porque, al conservar el ambiente donde están las avesconservas también el ambiente de otras especies animales y vegetales.

Como ONG el sostenimiento de nuestro trabajo depende en gran medida de los socios, pero eso no alcanza, así que también aplicamos a fondeo de fundaciones e instituciones de afuera. Y eso nos permite trabajar, porque los proyectos de conservación son realmente caros, pero más caras son las consecuencias de no proteger las especies.

 - ¿Qué podemos hacer en lo cotidiano para ayudar a esta perspectiva conservacionista?

 Tener una mirada conservacionista en la vida cotidiana es algo relativamente sencillo, que implica tener también hábitos más saludables, en todo sentido. Desde prestar atención a cuánta basura generamos o cuánta energía consumimos, hasta tener plantas nativas, que le dan refugio y alimento a un montón de, no solo aves, sino también insectos. Es una propuesta, que cada uno tenga su mini reserva ecológica en su casa, en su trabajo, que hace que cada vez seamos más los que nos preocupamos cuando descubrimos que eso está en peligro.

 - ¿Cuál es el valor de las reservas ecológicas?

 Son el reservorio de la naturaleza nativa, especialmente en ambientes degradados. Y la ciudad de Buenos Aires tiene algo prácticamente único en el mundo, que es la Reserva Ecológica de la Costanera Sur donde podés ver, en un buen día de primavera, más de cien especies de aves, a metros del Obelisco. Pensá que la Argentina tiene un número muy elevado de aves, más de mil especies, o sea, somos un lugar privilegiado para ver aves.

Y esta reserva tiene la particularidad de que, como está de cara al río, y el río mueve plantas y animales, es una autopista de vida. Entonces eso hace que lleguen un montón de especies que no vas a ver en ningún parque o plaza. Aves grandes, como los chajaes o aves rapaces. Me ha tocado guiar gente que viene de afuera y realmente alucinan, porque lo más parecido a nivel urbano y tamaño podría ser el Central Park en Nueva York, pero la cantidad de especies que podés ver acá no tiene comparación.

 - Los niños son los que tienen una relación más amorosa con la naturaleza. ¿Ustedes trabajan con las escuelas?

 Sí, a través de los COA, que muchas veces visitan las escuelas. Además, tenemos el Club de Jóvenes Naturalistas, que por ahora funciona solo en Buenos Aires, que es básicamente un grupito de nenes con sus familias que hacen encuentros en nuestra sede y también en reservas, para descubrir un poco de la biodiversidad. El último encuentro fue una clase de plástica donde dibujaron todo lo que lo que se estuvo viendo en el streaming del CONICET.

 - ¿Cómo podemos acceder a las actividades?

 Todos los jueves en nuestras redes sociales publicamos la agenda para el fin de semana siguiente de todos los COA del país y de las actividades guiadas, abiertas y gratuitas que hacemos, por ahora, en Costanera Sur.

Además, tenemos la Escuela Argentina de Naturalistas, de nivel terciario, no oficial, que lo que busca es formar gente para que aprendan a interpretar la naturaleza y poder guiar a otros. Y después tenemos los cursos, que hay de lo que quieras. De aves, de plantas, de arañas, incluso astronómicos.

 Y si bien recaudar fondos para poder sostener el trabajo es una necesidad, asumimos el compromiso de que la mayor cantidad de gente posible se involucre con el cuidado de la naturaleza. Ese es nuestro mayor objetivo.

 Publicado en Buenos Aires Connect, 9/10/2025

Premio Nóbel 2025: László Krasznahorkai


         Si bien nuestro corazón estaba con César Aira, fue una grata sorpresa saber que este año el premio Nóbel fue para el notable narrador húngaro László Krasznahorkai, del que teníamos noticia gracias a la editorial Sigilo, que publicó El último lobo y recientemente, Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río y a la española Acantilado, que publicó toda su obra traducida a nuestro idioma.

Cuentan en su biografía que después de abandonar su país en los últimos años de vida comunista, se dedicó a viajar (y a escribir), y residió en Europa, en los países de Oriente y hasta en el piso donde vivió Allen Ginsberg en Nueva York para, en una vuelta propia de su literatura, terminar recluido en las colinas húngaras de Szentlászló, donde vive hoy.

Ya desde la aparición de su primera novela, Tango satánico, en 1985, se perfiló como una figura importante del campo cultural húngaro, cuando fue llevada a la pantalla por el cineasta Béla Tarr, junto con Melancolía de la resistencia. El nuevo siglo lo consagró con varios premios importantes hasta el reciente Nóbel, por su obra que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”, dijeron los académicos suecos. Del arte como resistencia hacia donde se dirige el mundo, podríamos agregar.

 

En Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río, emprendemos un viaje, junto al protagonista, el nieto del príncipe Gengi, en busca de un monasterio abandonado en las afueras de Kioto donde, según un libro que éste leyó, se encuentra el pequeño jardín secreto más simple y perfecto que se haya construido. Una deriva onírica digna de los estudios Ghibli por un laberinto de calles que, con largas frases paratácticas, casi sin puntos, que expresan perfectamente la idea de continuo o de letanía, asistimos a la experiencia del conocimiento a través de la contemplación. Porque de lo que se trata, nos dice, es de aprender a “mirar y callar”, para abrir la percepción a esa fuente de maravillas que puede ser el mundo en lo que tiene de armonía, levedad y belleza. Como la de los pórticos y pagodas, con sus techos “curvos como alas” o los caminos de piedra ondulada que, como la ola de Hokusai, congelan la imagen de un mar bravío.

Contra la experiencia literaria de la modernidad, fragmentaria y autorreflexiva, la novela invita a dejarse absorber por la contemplación del paisaje como un todo y en la descripción detallada del trabajo sobre los materiales para la construcción del monasterio, nos pone frente al experiencia del tiempo, gran tema de su literatura.

 

Y es durante las horas perdidas en un bar de Berlín y frente a un barman húngaro que el protagonista de El último lobo, un profesor de filosofía desocupado, desgrana la historia de su viaje a la región española de Extremadura, invitado por una fundación, para que escriba sus impresiones sobre el lugar.

Creyendo que es un error acepta la invitación, mientras se pregunta qué puede escribir él sobre un lugar que desconoce. Pero el encuentro fortuito con un artículo que hablaba del “fallecimiento” del último lobo al sur del río Duero lo saca de su apatía. Pronto descubre una afinidad profunda entre ese paisaje yermo y su propia alma y se entrega a los relatos que, sin saberlo, los lugareños le cuentan sobre el final de una época que la gentrificación hará desaparecer. De un mundo campesino donde los lobos, como el que persigue a la famosa niña de capa roja, concentran los miedos de la humanidad al poder irresistible del deseo.

El relato de la cacería de la última pareja de lobos que escucha de un atribulado guarda forestal le devuelve su propia imagen de lobo estepario, último narrador de un mundo donde la literatura se desentendió de la experiencia de lo ancestral.

Una mención aparte merece la traducción del chileno Adán Kovacsics, que nos libra a los latinoamericanos del español peninsular y hace de la lectura una experiencia más que gozosa, que esperamos se repita.

Publicado en La Gaceta Literaria, 19/10/2025