“Memoria y futuro” es el lema de esta nueva edición de la Feria del Libro de Buenos Aires en la que coinciden varias efemérides: 50 años del golpe de estado, 50 años del nacimiento de la feria y 40 años de la muerte de Borges. Una oportunidad inmejorable según Ezequiel Martínez, su director, para homenajear a la gran cantidad de autores y textos prohibidos que no pudieron estar presentes durante los años de la dictadura y acercarlos a las nuevas generaciones.
- Viendo
en retrospectiva este medio siglo de vida, ¿qué dice de nosotros como sociedad
la Feria del Libro?
La Feria nació en 1975, casi en paralelo con la dictadura militar y
sobrevivió en un país atravesado por un
golpe de estado sangriento, crisis económicas, inestabilidad política, lo que de alguna manera demuestra que, para
los argentinos, la cultura siempre fue un refugio, un lugar de resistencia.
Y como durante los años de dictadura muchos autores no pudieron ser
convocados por estar prohibidos, exiliados o, en muchos casos, desaparecidos,
quisimos reivindicarlos y por eso va a haber una exposición sobre los libros
prohibidos y los autores censurados, en el pabellón central y una maratón de
lectura de sus textos. También un ciclo sobre cómo leíamos los libros que no se
podían leer y de qué manera algunos autores, como María Elena Walsh, que estaba
en las listas negras, eran convocados, porque no había manera de evitarlo.
- Por aquellos años, algunas
editoriales como el Centro Editor sufrieron la quema de libros, la destrucción
de colecciones enteras, mucha gente quemó o enterró sus libros. Pero al mismo
tiempo, hubo un movimiento de resistencia cultural, clandestino, muy potente.
¿A qué se debe esto, somos una sociedad culturalmente muy activa?
Mirá, nosotros hicimos
el año pasado, por primera vez, una encuesta de público y uno de los datos que
arrojó es que el 80% de la gente que viene a la feria es gente que viene todos
los años, o sea, es un público recurrente. De hecho, después del parate por la
pandemia, cuando volvió la feria, en el 2022, hubo un récord absoluto de
concurrencia de público y de ventas. Yo decía que lo que había era un síndrome
de abstinencia. Y creo que eso habla de que hay un público lector muy fervoroso.
- Tuvimos una edad de oro de
la edición, en los años 40, un boom del libro argentino en los 60 y hasta los
años 90, un circuito muy poderoso de librerías. Hoy, que estamos cada vez más
dispersos y desconcentrados, ¿seguimos siendo un pueblo lector?
Sí, seguimos siéndolo,
afortunadamente. Por supuesto, las tiradas son menores. Y aunque hay muchas
editoriales independientes y cada vez más traducciones hechas acá, esas tiradas
pequeñas no permiten que los libros lleguen a las librerías de todo el país. Y
ahí juegan un rol muy importante las bibliotecas populares, que por suerte es
algo que se sostiene. Es un gran espectáculo ver cuando vienen los
bibliotecarios de todos los rincones del país a comprar lo que ellos quieren,
lo que su comunidad les pide, les dan el dinero, el pasaje, el hospedaje para
que estén esos tres días. Y es maravilloso.
- ¿Los planes de incentivo a
la lectura son eficaces?
Cualquier plan, ya sea
que se traduzca en dinero o en acciones que fomenten la lectura, es bienvenido. Ahora que se cumplen 40 años de la muerte de
Borges, va a haber una sala inmersiva con un gran laberinto, donde los chicos
puedan salir a través de claves que Borges da. La idea es que de una manera lúdica se acerquen a Borges,
que no sea una cosa sacralizada.
- Hoy tenemos problemas serios
en la cadena del libro, los precios finales son muy caros. ¿Con qué nos vamos a
encontrar en cuanto a ventas, cuando se cierre la feria?
De la cadena del
libro, la librería es la más castigada, años tras año, desde ese gran escenario
que es la inauguración de la Feria del Libro, se hace el reclamo por el IVA. Pero el público lector está. El 2025 repuntó y
esperamos que el 2026, dentro del contexto complicado del país, sea bueno.
Nosotros estamos haciendo todos los esfuerzos posibles, desde el valor de la
entrada que es muy económico y que además sirve para pagar parte de un libro, hasta
los “chequelibros”, por 12 mil pesos, que una vez terminada la Feria pueden
canjear en librerías de cualquier parte del país. También este año estamos entregándoselos a los
colegios que visiten la Feria, para que cada chico pueda elegir el libro que se
quiera comprar.
- ¿Cuál es el futuro de la
lectura?
Es cierto que las
nuevas tecnologías le quitaron tiempo a la lectura, pero sigue siendo una
ceremonia muy íntima, muy privada. Y eso creo que no va a cambiar. Ya sea que uno lea en un dispositivo o en el
celular o esté utilizando el audiolibro.
A mí me gusta mucho ver
a esos chicos en las redes, los tiktokers, youtubers, instagramers, fascinados
contando el libro que están leyendo, recomendándolo. O los clubes de lectura,
que durante la pandemia explotaron y afortunadamente, se multiplicaron. Volvemos
a la pregunta de si somos un país lector, yo creo que sí. Y es fantástico.
Publicado en La gaceta literaria, 19/4/2026
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