martes, 13 de enero de 2026

El cielo en desorden

            “Hay un gran desorden bajo el cielo; la situación es excelente.” La cita es de Mao y el autor de estos textos escritos durante la pandemia de Covid-19 la retoma para desarrollar su propia posición ideológica, que lo lleva a ser el blanco de furiosas críticas, tanto del espacio de la derecha como de la izquierda. Un planteo claramente anticapitalista pero que advierte sobre los errores del dogmatismo y que llama a superar el comunismo tal como lo conocimos.

            Porque frente a la pavorosa crisis sanitaria pero también, climática, energética, inmigratoria, sostiene que la única salida posible es la gestión de los bienes en común, con transparencia y bajo control de los ciudadanos, y que la pandemia, un punto de inflexión en la historia, también es una oportunidad para afrontar este desafío, el de organizar una izquierda “moderadamente conservadora” que abogue por recuperar los valores de la decencia y la ética. Algo que los populismos de derecha triunfantes en gran parte del mundo se han propuesto barrer.

            Con la mirada puesta en la realidad norteamericana, analiza las razones del triunfo de Trump (de notorias coincidencias con la actualidad argentina) y sostiene que el magnate representa mucho más a la clase trabajadora, no sólo blanca, sino negra y latina, que los demócratas, porque ganó la disputa por la hegemonía ideológica. Un cambio radical que va de la mano del auge del antisemitismo, que él define como un anticapitalismo desplazado, que proyecta la causa del antagonismo en un agente exterior, los judíos, y que se opone a la protesta como consecuencia de haber percibido la injusticia de la propia condición de la que son responsables la clase dominante o el Estado.

            En este nuevo mundo poshumano, el desafío, para este autor, será cambiar la vida económica para que sea capaz de sobrevivir a los confinamientos, y para que el mundo no se convierta en propiedad de unos pocos multimillonarios, dueños de las empresas tecnológicas, lo que algunos pensadores han llamado tecnofeudalismo.

            Dando vuelta la famosa frase de Marx, Herbert Marcuse señaló que, después del nazismo, la historia se repite, primero como farsa y luego como tragedia. Hitler, que pasó de ser un payaso políticamente marginal a ser el amo de Europa, se replica en el asalto al Capitolio por los seguidores de Trump y en tantos líderes políticos surgidos de programas de TV de dudosa calidad, lo que nos muestra la cara siniestra de un presente que Žižek llama a enfrentar.

Publicado en La gaceta de Tucumán, 11/1/26

La ficción del ahorro

 Entrevista a Carmen Cáceres 

 

Con la crisis del 2001 como marco, la autora de La Ficción del ahorro, la novela ganadora del premio Fundación Medifé Filba, reflexiona, con mucha lucidez, sobre todo lo que hacemos para ganar, gastar, ahorrar y perder el dinero, ese objeto que, como la vista de un cadáver, nos atrapa y repugna a la vez.

 

- Esta novela pone el dedo en la llaga sobre dos temas tabú: el dinero y el suicidio adolescente. ¿Cuál fue el disparador?

 El disparador fue la escena de la chica con los dólares con su segundo padre, porque ahí nomás vi la cosa sucia del dinero en la intimidad familiar, como una especie de juego entre lo obsceno del dinero y lo obsceno del cuerpo con su padre. Después, la primera versión de esta novela, que fue rechazada por todas las editoriales, se metía mucho más con el dilema de lo familiar y de la ciudad. A mí me parecía interesantísimo hablar de una ciudad de provincia, porque en la literatura argentina tenemos mucho el escenario urbano de Capital Federal y el resto del país como algo exótico y casi siempre rural. Después, cuando mi pareja, que también es escritor, me dijo, tu novela va de la plata, todo lo demás es un contexto para hablar de la plata, yo entendí eso, ahí dije, sí, vamos a seguir el dinero.

- Marx llamaba al dinero “la mierda económica”. ¿Qué relación tenés vos con el dinero?

Yo creo que pude escribir la novela porque no tengo tanto mambo con el dinero. Cuando tengo mucho, lo disfruto, y cuando no tengo mucho, sé que es lo normal. Obviamente soy de una clase media privilegiada, porque hay muchas personas que, trabajando en cultura, no les alcanza. Nosotros estamos llegando a fin de mes. Como digo en el libro, mantenerte es toda una virtud. Y también el privilegio, aunque no debería serlo, de vivir de lo que quiero, la ilustración, la traducción, la escritura, los talleres.

- Diciembre del 2001 está narrado en un segundo plano, no se narra el estallido, sino todo lo que se lleva puesto, como los cadáveres y la ropa que aparecen luego de la crecida del río. ¿Esta distancia fue deliberada? 

No fue deliberada, pero sí es cierto que yo necesito mucha distancia física y temporal para no escribir desde la emoción. Porque desde la emoción yo no funciono bien.

- Hay una muy buena observación sobre los límites de la sociología y del progresismo, que pareciera ser el único segmento para el cual el dinero es un problema abstracto, además de incómodo. ¿La sociología es una disciplina urbana, blanca y pequeño-burguesa?

No sé. A mí me interesa mucho la sociología. Lo que pasa es que si vos te pones en la cabeza de alguien de 20 años que está tratando de entender lo que pasa, la sociología sí se vuelve una abstracción que delimita la cancha, pero no se mete adentro.

Entonces, para dar ese salto empático que es la literatura, hace falta una mentira para decir mejor una verdad. No sé si vos te acordás todo lo que era el discurso del progresismo en el 2001, había que usar ciertas palabras, sobre todo en Capital Federal, era una manera de hablar de la cual yo como provinciana me sentía un poco afuera. Pues yo creo que eso es lo que me permitió pensar la sociología desde afuera.

- Como dice Chitarroni en el epígrafe, “Provincia” es la tierra de los vencidos. ¿La literatura escrita en las provincias tiene su propio circuito o el centro sigue estando en Buenos Aires?

Sin duda, el centro sigue estando en Buenos Aires. Igual que el centro editorial de habla hispana sigue siendo Barcelona. Es cierto que, a diferencia de hace por ahí 10 años, ciudades como Córdoba, Rosario o Tucumán están teniendo polos editoriales que dan visibilidad a cosas que luego se retoman a nivel nacional. (De hecho, estuve este año en el FIL, en Tucumán, y me encantó). Pero digo, sacando 3 o 4 ciudades, para que esos autores sean consumidos a nivel nacional, tienen que pasar por Buenos Aires. Yo ahora vivo en Misiones y fui publicada en una editorial de Buenos Aires, Fiordo.

- Pensaba en esta novela como un homenaje a las familias ensambladas amorosamente. ¿Y a los trabajadores que se caen y se levantan una y otra vez al ritmo de nuestra cruel economía?

Sí, yo creo que sí. Es bonito lo que decís. Sí, es un homenaje a la clase media, porque yo sí creo, y me gusta que lo digas, que está escrito con amor, esa resiliencia, esta idea de que una crisis cada 20 años es una forma de estabilidad. Y eso está un poco condensado en la madre. Ella es como que lo vive todo sin sorpresa, y sin dolor. Mantenerse es lo máximo a lo que aspiran.

- ¿Qué significó este premio para vos?

El premio para mí es un regalo. Porque hace que el libro sea leído bajo otra luz. Obviamente uno quiere pensar que un jurado tan prestigioso está diciendo que vale la pena, pero al final lo que genera esto es que gente a la que le pasó desapercibido el libro en una ola de novedades constante, lo lea. Y además, porque yo no volví a escribir después de esta novela, estoy maternando, laburando, haciendo lo que puedo también, y en ese sentido es una enorme alegría. Y además de una palmadita en la espalda, es un impulso para seguir escribiendo.

Publicado en La gaceta de Tucumán, 4/1/2026